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miércoles, 10 de mayo de 2017

Mutante de 10 de mayo

Hoy es 10 de mayo, uno más desde que empecé a celebrar este día, pues mamá lo detestaba. Aunque recuerdo que los últimos años nos valía e igual la buscábamos y no le decíamos felicidades pero nos la llevábamos a comer o al cine, o a pasear, a estar con ella nada más.

Pongo a Carmen Aristegui en vivo y veo una ejecución hecha por el ejército grabada por una cámara de seguridad. ¿Hay algo que celebrar me pregunto?

A mí al principio esto del festejo del 10 de mayo me gustaba, por ahí de la adolescencia, pero luego fui conociendo más y más mundo y conocí a las “Locas de la plaza de Mayo” y ya no estaba tan segura de que este fuese un día para celebrar.
Mis hijas y sus incursiones en el teatro y la danza en la escuelita a la que iban me hicieron desear el festejo, entre otras cosas me mataba de la risa lo que yo bauticé como “El balcón de Teresa”, porque los chamaquitos leían en voz alta lo que habían escrito para su madre en un cuadernillo que hacían por grupo. Yo alimentaba mi ego materno pues nunca recibí grandes reclamos, mis hijas escribían bien, bonito y halagándome siempre. Era grato. Y no se diga si tenían que salir en alguna obra o baile, le poníamos todo el entusiasmo y nos divertíamos en grande antes y después del día de la madre. Fueron buenos tiempos.

Rosalinda Avila Selvas15 hEl cuerpo de Beatriz Ibarra Plascencia fue encontrado en Jalisco. Iba en viaje turístico. Había desaparecido desde el 26 de abril. Era socia de Uber en León, Gto. Sus compañeros harán una caravana de protesta.
JUSTICIA PARA BEATRIZ!!!
VIVAS, LIBRES Y SEGURAS NOS QUEREMOS!!!

Mi amiga Rosalinda está documentando vía FB día a día cada muerta. Hay días que son más de una. ¿Podrán mis hijas y sus hijas transitar con más tranquilidad y libertad algún día?

Con los años he ido aprendiendo un montón de cosas sobre ser madre y sobre festejos y todas esas cosas que implican mercadotecnia. Hace unos años pensaba que todos los días deberían de ser día de algo, para poder festejar siempre, tener algo que festejar día con día. Hay que tener cuidado con lo que se desea. Hoy existe un día para todo: el gato, el perro, el piojo, la hemorroide, etcétera, etcétera, ya sean pendejadas o no la gente festeja cada cosa… No sé si eso de que cada día haya un festejo es bueno o malo, lo malo es la mercadotecnia que rodea todo esto. Y cómo nos distrae a veces de las cosas.
Yo creo que fui y soy una buena madre, lo que di lo di convencida, creyendo que era lo mejor y a veces lo único que podía dar. Disfruté inmensamente mi papel de madre, también lo sufrí, durante sus adolescencias, sin embargo ser madre ha resultado muy grato. Ahora a veces dudo un poco, cuando escucho a mis hijas reírse de cómo me mentían o engañaban. Me duele un poco porque sinceramente en su momento yo no me daba cuenta. Pero pues cada quién. Me ha costado mucho trabajo conmigo misma hacer que la gente no me tema. Y no estoy tan segura de que me guste que no lo hagan. Soy muy mala recibiendo críticas, pésimo, tratándose de una escritora.

Además de Lesvy dos muertos más en CU, uno con el mismo método, ¿ya no se puede ir ni a la universidad en paz?

Me gustaría decir que soy una feminista que lucha en contra del patriarcado, bueno, tanto como luchar… Eso de luchar, ya quisiera yo, puro compartir memes en FB, leer y leer, aprender. No suelo opinar mucho de las cosas si no las entiendo a profundidad y si soy honesta a veces me da hueva, me digo que yo ya hice mucho, lo cual por supuesto no es cierto, ni siquiera hice todo lo que pude cuando debí hacerlo, pero bueno, digamos que hice algo para mejorar este mundo, sigo pensando que es nada.

El video de la ejecución. Dijeron que había cuatro muertos. Las madres de esos muertos. ¿Qué tienen que celebrar?

No he dejado de recordar a las madres de mi familia, a Emma, Aura, Reynalda, especialmente. Ellas y su generación, no la tuvieron nada fácil. Son las pioneras. Aunque a decir verdad se quedaron muy cortas en los logros porque ni siquiera se planteaban logro alguno, muchas sólo estaban mal paradas y las golpeó la modernidad, a unas las puso a chambear, a otras a hacer ejercicio, otras a estudiar, otras a casarse bien, en fin, es larga la lista de desatinos de esta generación de mujeres que dieron rienda suelta a sus pasiones y se pasaron a la sociedad por el forro.

Por sus frutos los reconoceréis


Pienso en Esther, en Eros, en mis hermanos como padres. En todas las madres de mi familia. En todas las madres que conozco.
A juzgar por los frutos, en su mayoría tienen hijos independientes y reflexivos, son una generación mejor que la nuestra. No sé si mis hijas vayan a tener hijos, ellas dicen que no, yo lo respetaría, no es fácil ser madre, menos una madre que se autocuestiona, que se da cuenta que tiene mucho que aprender todos los días; y ellas son así, preciosas ambas, trabajadoras, talentosas, pero se la pasan cuestionando su vida, siempre quieren mejorar; creo que lo hice bien, pese a todas las broncas me siento orgullosa de mis cachorras.

Ni hablar, no hay mucho que celebrar, este mundo está fatal, pero qué le hacemos hay que salir adelante.

Feliz día de la madre a todas

La flaca de la esquina, mayo 10 de 2017

jueves, 27 de abril de 2017

Hena, MUJER

Las mexicanas comenzaron por la música. Mujeres que dijeron lo que sentían, lo que anhelaban, en un mundo totalmente machista bebieron, compusieron y marcaron la pauta. Eran los años 40 y nacía una generación que intentaría por primera vez buscar una identidad propia, mujeres que se manifestaron contra el sistema y estudiaron carreras, que bebían y fumaban como sus compañeros varones. Incursionaron en carreras antaño sólo para hombres: Ciencias, Ingeniería, Abogacía, Administradoras, entronas y soñadoras a la vez. Las primeras Abogadas, las primeras médicas, las primeras todo en México. A esas mujeres no había quien las detuviera, de ello dan fe tantas que mencionar a una obligaría a mencionar a todas y para eso necesitaría un libro, no una nota en mi Blog.
He conocido a muchas de las mujeres de esa generación, la generación que nació entre 1940 y 1950. Siempre me han impresionado por su fortaleza, su capacidad de sufrimiento, sin queja, con enojo, eso sí, pues el enojo es su manera de manejar todo, dolor, alegría, esperanza, fe, porque ellas creyeron que podían vivir sin eso, pero nadie les enseñó, no sabían cómo ni para dónde.
Sin embargo, muchas de ellas dejaron de lado sus vidas para criar a enormes familias de integrantes desde cinco hasta once hijos, seis en el caso de Hena Corzo, la mujer que inspira este texto.
Conocí a Hena Corzo hace como 15 años, mujer inteligente, directa, sincera, con leve tendencia a exagerar, digna representante de esa generación de admirables mujeres.  No les tocó fácil la cosa, algunas eligieron, otras no, otras más se propusieron cambiar las cosas al menos en su familia. Tal es el caso de algunas amigas mías de esa generación, una incluso pensó que para que sus hijos recibiesen la educación que ella deseaba era necesario fundar su propia escuela y desarrollar su propio método educativo, por supuesto lo hizo. Me parece que Hena Corzo hizo lo propio, y al parecer a la guardería se sumaron algunos vecinos y vecinas que padecían la falta de buenas escuelas en el norte de la ciudad, en los novedosos desarrollos de los años sesenta y setenta que poblaron en treinta años la periferia entera de la ciudad de México.
Lo que no tuvo que vivir esa generación, la de cambios, la de críticas cuando eran jóvenes y querían estudiar, la de críticas por dejar la carrera por casarse, la de críticas por tener tantos hijos, la de críticas, la de críticas y qué más les digo. Poco muy poco reconocimiento a su búsqueda. Muchas de ellas esperaron como mi suegra a que el más pequeño cumpliese la mayoría de edad y en sus marcas, listos, fuera, mandó al diablo 30 años de martirimonio y decidió vérselas como pudiera ella sola. Mujeres como Hena que hizo lo propio por razones que sólo ella conocía y que a fuerza de callarlas le fueron rompiendo el corazón y quitando la alegría.
La última vez que compartí la mesa con Hena Corzo, fue hace unos meses, convalecía de una neumonía. Me sorprendió verla, estaba entera, coherente y alegre por tener a sus hijos con ella. Le encantaba reunir a sus hijos, eso la alegraba mucho.
Conocí a Hena Corzo, o Hena madre como solía referirme pues Hena hija es una de mis compinches favoritas y en ese tiempo andábamos pegadas de un lado a otro, primero por el trabajo, pues era mi jefa en el partido, y luego ya por gusto personal.
Hena hija siempre me hablaba de su madre, la mayor parte del tiempo bien, la admira muchísimo y me compartió una muy buena imagen de Hena Madre antes de conocerla. Fui testigo del amor con que cuidó siempre a su nieta, me contagié de su buen humor, y también de su parte medio oscura pues era ruda la mujer, muy ruda. No por eso, me encantaba, la admiraba y me prometía que mis hijas no pasarían por tanta penuria como ellas porque nosotras cada día entendemos más y más y las que nos aventamos el numerito de la maternidad tenemos buena escuela.
Hija del patriarcado despiadado, del que no dio concesiones nunca, enfrentó su vida con dignidad y con humor, como buena chiapaneca cultísima y gran narradora de historias. Se quedó pendiente su libro, lo íbamos a escribir juntas, la enfermedad se nos adelantó. Me duelen los hubiera cuando pienso en lo entretenido y sanador que hubiera sido para ambas.
Va este pequeño homenaje a ti y de paso a tus contemporáneas, mujeres que como tú estudiaron, trabajaron, y víctimas del amor romántico se casaron y tuvieron hijos, mujeres solitarias en el final de sus días, que no solas, para eso tuvieron hijos, constructoras de una sociedad que apenas empezaba a despertar de un largo letargo.
Hena era inteligente, terca, divertida, entretenida; pasión cuando habla de sus hijos y ternura cuando te cuenta alguna anécdota sobre sus nietas. Ligeramente megalómana, pero sin duda fuerte, muy fuerte, aferrada a la vida, luchó hasta el final por ella. Murió tranquila, sin mucho drama, lo cual es una lástima pues ella era una Diva, amante del teatro y de la autoadulación. Mujer de izquierda, ama de casa, lectora incansable hasta que su salud se lo permitió. Difícil, entretenida, como su nombre lo indica: MUJER. Descansa en paz.
La flaca de la esquina

27-04-2017

lunes, 22 de agosto de 2016

Mutante de regreso a la escribida


Heme aquí, de regreso por estos lares. Resulta que según yo, no puedo escribir cuando soy feliz, pero analizando mi discurso en letras, yo nunca escribo cuando soy infeliz, más bien todo lo contrario, así que mi disculpa resultó mala hasta para mí. Además mis fans (uno en realidad) me dijeron que se extrañaban mis letras. Así que me he propuesto volver a practicar esta manía de decirle a la gente cosas que en realidad a veces hasta a mí me importan un pito o no me quedan muy claras del todo. 
No por eso, va mutante de amanecer Santodomingueño, que continúa la moda de escribir al más puro estilo Jack el destripador (hay quienes opinan que es más bien el descuartizador), así que vayamos por partes.
La idea inicial surgió ayer después de leer un par de artículos sobre feminismo (tema que últimamente me obsesiona) y literatura. Ambos me inquietaron y a la vez me dieron una nueva disculpa para no poder escribir. Y es que con eso de que me volví tan feminista de palabra y mi formación es cien por ciento patriarcal, pues de hecho se hace muy difícil para su servilleta hacer uso de las letras dada la etapa de transición que experimento.
Hace ya más de un año que mis horarios cambiaron, por ejemplo, y de un ser noctámbulo por excelencia pasé a despertar todos los días antes del amanecer, que desde mi edificio es por cierto asombroso casi siempre. En realidad sigo siendo noctámbula, sólo que ahora necesito tan sólo de ciclos de cuatro horas para recargar pila, quizá por mi condición de desempleada o tal vez por mi edad, me resisto a entender cómo funciona un cuerpo a los 57 años, lo cual me causa no pocos contratiempos. Dieta, sexualidad, ciclos de sueño y hasta ideología, son todo un lío a estas alturas del partido. Y yo que pensé que se iría haciendo sencillo.
Así las cosas, me ha dado por ponerme a filosofar conmigo misma cada mañana, mientras el sol sale. El espectáculo es tan bello que me deja totalmente ágrafa. ¿Cómo explicar en palabras lo que las imágenes me transmiten? Ese pasar del silencio y la oscuridad total a la luz cegadora y los sonidos asfixiantes. Es por eso que he preferido poner videos y fotos para compartir, en vez de letras, imágenes. Desgraciadamente todo lo tomo con la cámara de mi celular, que registra sólo lo que se le da la gana, nunca lo que yo veo y siento con cada amanecer. No tienen idea cuánto anhelo tener una buena cámara, aunque sea prestada, para compartir así lo grandioso del proceso, que siempre es distinto, pues depende de los vientos, la humedad, la estación del año, en fin, cantidad de elementos que me resulta imposible describir en lo que pretendo sea un breve texto, y menos con tan chafa cámara como la de mi teléfono.
Si tuviese que resumir lo aprendido a lo largo de tantos amaneceres disfrutados este año, les diré que lo que más me ha maravillado es cómo la vida puede cambiar de un momento a otro. En quince minutos, del silencio y oscuridad total, la vida transita por toda la gama de colores, climas, y sonidos y da como resultado un nuevo día, casi siempre limpio y claro, pese a lo que digan todos los heiters que se la pasan de quejicas sobre la Ciudad de México (en realidad sólo veo el amanecer si no está nublado).
Y volviendo a lo del feminismo a ultranza en el cual me ha dado por militar de manera tardía, a mi modo de ver; resulta que también me ha metido en muchos problemas para escribir y describir la gama de sentimientos en que me ha sumergido.
Para acabarla de amolar está todo este rollo de ser animalista, ahora que les ha dado por etiquetar cada una de las formas de ser, géneros, etapas, etcétera.
Y ahora sí, como en los cuentos, debo decir que todo empezó hace tiempo, a raíz de una serie de reflexiones gráficas que mi hija inició hace algunos años sobre la pornografía, fenómeno que como buena hija del patriarcado yo veía como normal. 
Me puse a investigar sobre algo que yo veía como natural, y grande fue mi sorpresa al descubrir que puede llegar a ser tan nociva para el cerebro y para las relaciones como cualquier vicio, droga o enfermedad. De ahí pasé a cuestionar el trato que las mujeres recibimos en los medios y descubrí que las premisas del porno estaban por doquier en la manera de tratar a las mujeres. Mi malestar fue creciendo.
Otro tanto me pasó con la música y el idioma y muchos de los autores que antaño me encantaban fueron cayendo de mi gracia pues no soportaban un análisis de género. Nada se salvó; canciones, películas, series de TV, libros, todo está hecho en el más puro lenguaje patriarcal.
Fui modificando mis gustos en todo. Sabina ya no sonaba como el bohemio que conocía a las mujeres y sus reacciones a fondo, más bien como el misógino más grande que había escuchado. Woody Allen y su abuso sobre sus hijastras hizo que aunque su discurso como cineasta antes me encantara ahora me incomodara, nada más por poner un par de ejemplos.
Empecé a cuestionar desde memes en Internet hasta anuncios sobre sopa instantánea. Nada se salvó. Recáspita, diría Archie uno de mis primeros amores, pelirrojo que ejercía el patriarcado a ultranza desde los cómics que leía yo de niña.
Y como no soy mujer de medias tintas, obvio me fui en contra de lo que yo escribía. ¡Sorpresa! tampoco se salvaba. Por supuesto intenté cambiar mi discurso literario, y día a día se hizo más difícil para mi escribir desde mi nueva posición ideológica.
De verdad, no es tarea fácil la que emprendí conmigo. Bajo la visión de género pocas cosas se salvan, y el lenguaje es una de las principales armas del patriarcado. Súmenle a eso lo mucho que han cambiado ciertas cosas. Por ejemplo, en mi adolescencia, lo más natural era tener novios que te aventajaran diez o más años. A mis trece años, tener un novio diez años mayor, era considerado, al menos por mi familia, como que estaba madurando, por ejemplo. Y no recuerdo que mis amigos y amigas pusiesen objeción alguna a ese hecho.
Lo mismo me fue pasando con la política. Hasta hace unos años para mí era fácil encontrar en qué hemisferio político estaba, mi militancia en partidos lo facilitaba. Pero a raíz de trabajar un tiempo en los gobiernos "de izquierda" hube de replantearme muchas cosas. Lo cierto es que la decepción fue grande, pues no encontré mucha diferencia entre éstos y los otros partidos.
La relaciones sociales y amorosas, que para mí tenían reglas muy claras, fueron tornándose difíciles. Una tiene que arriesgarse a perder algunos amigos en el camino si se dedica a decir lo que piensa y siente, gajes del oficio de andar viva. Esto me sucedió hasta con familiares, algunos cercanos y queridos. Pero no por eso, quienes me conocen lo saben, soy amante de los riesgos.
Y por si fuera poco, vivo la dicotomía de amar naturaleza y tecnología al mismo tiempo. ¡Vaya lío!, ¿no creen? Así pues, esto de tratar de sobrevivir en este sistema y ser yo misma encuentra demasiadas dificultades. No se imaginan el lío que traigo dentro.
De ahí que haya tenido que ausentarme de muchos ámbitos en los cuales solía moverme como pez en el agua; la manía de decir lo que siento y pienso al público. Se me hace difícil hacerles perder el tiempo con tanta necedad. Hoy, más que nunca, la premisa del tiempo es oro tiene sentido. Y aunque tiempo es lo que me sobra, éste no me produce ni el dinero suficiente para mantener a su servilleta.
Todo este lío de encontrarme con nuevas formas de ser para mí en casi todos los ámbitos, comida incluida, no está nada fácil. Lo que antes era claro y sencillo para mí, ahora no es más que un revoltijo. Mi amor por los cerditos como ejemplo, mi gusto por los bovinos y cantidad de animales que para que es más que la verdad, son deliciosos. Quisiera que no fuesen tan adorables vivos. Así las cosas, hasta mi pasión por la carne ha sufrido mutaciones. No es que ya no me guste, pero ciertamente comerme a ciertos animalitos me produce mucha culpa. Súmenle además que mi estómago y riñones empiezan a protestar por el mal trato recibido. Resultado, he tenido que cambiar hasta mis hábitos alimenticios.
En cuanto a las relaciones amorosas ni se diga, después de diez años sin pareja me enredé en una relación, misma que me prometí sería distinta a todas las anteriores. Casi lo logro, pero la vida tiene un humor muy negro y me involucré con un hombre que es perfecto, excepto cuando no lo es. ¿Qué les digo? Las mutaciones son lo mío, así es que no es de sorprenderse el hecho de que ame a un bipolar (y no es metáfora), justo lo que yo necesito para entretenerme.
Ustedes pensarán que sufro por demasiadas cosas, no lo discuto, lo peor es que no lo sufro, porque después de vivir 57 años en este cambiante mundo, decidí tomármelo con calma y agradecer cada cambio o mutación que vivimos el mundo y su servilleta. ¿Cómo se los explico? Un optimismo y una fe ramplante en que todo se va a arreglar y si no, pues lo mejor que puedo hacer es disfrutar el proceso, me motiva a levantarme día a día y creer que así como el amanecer que transita de la oscuridad a la luz y del silencio al barullo mi vida encontrará en una de esas la estabilidad, ¿y por qué no? la felicidad.
Doy gracias por todo lo bueno que tengo, que no es poco, y trato de no hacer demasiado caso de todas las carencias, que tampoco lo son. ¿Qué le hacemos? Disfruto más que nunca de mis hijas, mi familia, mis amigas y amigos, mi compañero. No me angustio por mi condición constante de desempleada, finalmente mientras tenga arroz en la mesa y cigarros en la bolsa, sexo de vez en vez y salidas al parque y al museo, no me angustio tanto por la falta de dinero. Claro que me gustaría tenerlo como solía hacerlo, pero ahora sí que me consuelo con esa frase de "mal de muchos" sí, ya sé, "consuelo de tontos". ¿Qué le hacemos? ¡Conozco a tantas personas que viven situaciones similares y peores que la mía! Por eso me digo a diario: flaca, sonríe, no está perdido todo, en este mundo nada ni nadie es perfecto. Claro está que hay quien abusa del asunto, el ser humano es de lo peor, cada día hago berrinches por la misoginia, me lleno de tristeza por las guerras, me sorprendo de los grandes avances tecnológicos, disfruto de los videos de animalitos, conozco nuevas poetas que me impresionan, en fin que en mi vida hay de todo, como en botica (concepto que a las nuevas generaciones debe resultarles raro y les hará consultar el diccionario espero). 
Y pues se me hace que ahí le corto pues ya debo tenerlos mareados de tanta mutación. Pero les prometo que regreso pronto. No se librarán de leer a la flaca y sus mutaciones físicas e intelectuales. Y como he notado que los usuarios de estos medios no suelen leer mucho, y no quisiera abusar de su tiempo, que para ustedes sí es oro, ahí le paro por lo pronto.





miércoles, 24 de febrero de 2016

Buen viaje Stinky


Stinky llegó a mi vida hace tres o cuatro años, no recuerdo bien; los años parecen pasar cada vez más  y más rápido. Me lo llevó mi vecina, quien no sé si había notado que dejaba yo alimento para los gatos ferales que habitaban el callejón o fue a partir de llevarme el gato que empecé a darles pues la manada se fue acercando a raíz de la adopción de Stinky.
El estado del animal era deplorable. Tenía tal cantidad de pulgas que ya ni intentaba rascarse. Permanecía tendido como esperando la muerte. Quitarle las pulgas fue toda una bronca. Stinky luchó por su vida cerca de tres meses, con una infección en la boca que ningún veterinario localizaba. Una visita de mi hija le salvó la vida pues fue ella quien al examinarlo lo primero que hizo fue abrirle la boca. De ahí en adelante todo fue viento en popa para el animalito. Se repuso y se convirtió en un hermoso gato, medio desaliñado pues no había tenido mamá gata que le enseñara cómo comportarse como gato, siempre tímido y asustadizo, pero que salía a proteger a la manada de ferales en cuanto escuchaba ruidos que él consideraba peligrosos.

Aquella manada de ferales me enseñó muchísimo sobre los gatos, había tratado siempre con gatos domésticos y conocer esa manada de ferales liderada por una gatita negra con la lengüita de fuera a quien todos protegían y que imagino era la madre más vieja, o al menos la más cuidada por la manada.

Poco a poco los fui cazando para operarlos. La manada se mantuvo estable, no creció mucho. Otros vecinos hacían lo mismo con algunos gatos de la zona. Hace unos meses regresé y fue muy conmovedor que al escuchar mi voz, la manada entera fue a saludarme (pedirme comida). Las vecinas estaban sorprendidas de lo bien que recordaban mi voz.
Y esa fue la primer enseñanza de Stinky, quien estaba agradecidísimo conmigo por haberle salvado la vida. Tierno, dulce, fiel, era mi gato trapo. Podía ponérmelo de bufanda y él era feliz pues era mamá dándole cariño. Confiaba plenamente en mí, me llenaba de muestras de afecto, su mirada amorosa me acompañaba todas las noches antes de dormir.  Sus enormes bigotes haciéndome cosquillas pues le encantaba acercar su cara a la mía, sus maullidos, suaves, tiernos.

De verdad es maravilloso cómo todo ser vivo reacciona al afecto, desde una flor hasta una fiera. Stinky superó estos dos años sus reservas hacia los humanos. Le encantaba colarse en la cama conmigo y con Eduardo, al que al principio ignoraba olímpicamente y después aceptó e hizo partícipe de nuestro rito nocturno de miradas y caricias.
Creo que Stinky tuvo una vida feliz, especialmente el último año, en el cual se hizo muy amigo de Merlot, quien es la gata más alegre y tierna que hay en la tierra. Todas las mañanas organizaban corretizas y desastres provocados por las mismas.
Hasta en su agonía Stinky mostró su profundo amor por su mami. Quiso refugiarse en mis brazos y no me cansé de decirle cuánto lo quería. Se fue sabiéndose amado,  espero que no haya sufrido mucho. No dio indicios de estar sufriendo hasta hace ocho días, pero estaba bajo control, al parecer la libraría. No sé qué pasó, necesito saberlo por los otros gatos, pero espero que sea lo que sea No haya sufrido tanto.



Me quedo con su mirada fiel, constante, amorosa. Con sus cariñitos y sus celos de las últimas fechas. Ojalá donde vaya tenga una mamá que lo acaricie todo el día, como él quería. Adiós querido mío. Gracias por todas las lecciones, por las preocupaciones y las sonrisas, por dejarme acicalarte y deshacerte uno a uno los nudos de su pelo hirsuto. Gracias por todos los momentos que tuvieron sentido porque le cuidaba y amaba. Buen viaje Stinky.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Mutante o zombi


Debes amar, la arcilla que va en tus manos, 
          debes amar su arena hasta la locura.
Y si no, no la emprendas, que será en vano.
Sólo el amor alumbra lo que perdura
Sólo el amor convierte en milagro el barro
Silvio Rodríguez "Debes amar"

Con este rollito de FB de enviarnos las memorias que guarda, me puse a hacer un ejercicio que hago año con año y que francamente planeaba saltármelo este año. El día de muertos siempre hago un texto, pero este año me sentía demasiado viva como para poder escribir sobre la muerte.

He andado de vacaciones en esto de la escribida y es que sin duda eso de estar enamorada siempre ha consumido la mayor parte de mi energía. No por eso, pago mi deuda: Ahí les va una mutante zombi, para que no digan que no ando en la onda. Un poquito a destiempo, ya viene navidad y el día de muertos pasa a mejor vida. Ni hablar, las letras salen cuando deben, no antes, no después.

Resulta que esto de París me tocó botones y fibras que había olvidado que tenía. No que no esté siempre pendiente de las noticias, es un terrible defecto que además al parecer le heredé por lo menos a una de mis hijas. La otra aunque no quiera, como nos está pasando a todos los usuarios y/o consumidores del JeisBook, termina enterándose siempre de los hechos. Y a huevo que se pone una de reflexiosa.

De por sí la situación nacional no era tan prometedora. Y yo sintiéndome culpable de estar dedicada a mi amado. ¡Qué dirán de su servilleta mis amigas feministas! No por eso. La verdad  desde hace un año me he dedicado a echar novio y hacerme un poco de la vista gorda con todo esto que pasa en el mundo y en mi vida. Creo que me lo debía. Aunque para ser honesta, eso de que me hacía de la vista gorda, es como siempre en mí, un decir. Pues bien conocida y sabida mi necedad de enredarme en todo lo que me rodea.

Y por supuesto que una acaba siempre más que enrollada con todo lo que pasa y para no olvidar que vive en un mundo globalizado, aunque la señora que escribe esto se crea que su globito es el único,  resulta que terminé tirada en la lona. Casi me ganan la partida.

El día siguiente al suceso en París, estaba tan indignada con la gente que no quise publicar nada. Sólo hubiese abonado a la ola de racismo, que al menos en mi caso llega a tales extremos con Estados Unidos, que por más que yo quiera ser cortés no puedo, me sale el racismo y detesto su sistema, sus formas, su gente descerebrada, pocos se salvan, y detesto aún más a la gente que se dedica a hablar, y ahora gracias al FB, hasta a escribir, sin tener ni idea de las cosas.

Así pues, pospuse lo de escribir sobre el asunto. Porque sin duda en ese momento, pese a lo “bien informada que estoy”, hasta yo me confundí un rato sobre cuál era el punto y alguna que otra publicación comenté. Después quise darles el beneficio de la duda. A lo mejor era mi racismo contra los Gringos o que su actuar definitivamente me saca lo peor, de ese odioso defecto que tengo que es el racismo. Quienes me conocen y el Universo saben de mi lucha contra ese mal sentimiento que aún no he logrado extirpar y quizá nunca haga, pero que cada vez se va extendiendo, porque antes era Estados Unidos y ya, y ahora resulta que se le suman la Unión Europea, Rusia, Gran Bretaña, en fin, el enemigo es el mismo, nomás que con más cabezas como todo monstruo. No puedo evitar pensar en el monstruo de siete cabezas del Apocalipsis. Algo así.

Este nuevo pinche orden de cosas que no da chance ni de amar, ni de soñar, ni de jugar con los arcanos, me choca y me lo paso por el Arco del Triunfo, me dedico a amar a un hombre apasionadamente, paso un año entero soñando cosas que quiero para mí y cómo las quiero, aprendo todo lo que puedo aprender y creo que así le pinto mocos al imperio.

¡Ja!, el equivalente en México a lo anterior es pintarle dedo a un policía. Nunca lo hice, pero muchas veces pensé en hacerlo, no lo hice porque sabía que tendría que atenerme a las consecuencias. Y sí, pintarle el dedo no sirve ni para quitarle un pelo al Imperio, ni siquiera soy voz autorizada ni pretendo serlo, con la culpa que me da mi racismo y mis merecidas vacaciones. El trancazo por supuesto se siente mucho más fuerte entre más andas arriba. Así que me otorgaba algunas dosis de realismo de mes en mes. Mucho FB y poca Carmen, mucho amor y muchos animalitos.

Y entre tantas cosas, el resumen. El mundo empeoró cien por ciento. Yo mejoré otro tanto. El saldo es positivo, he aprendido muchísimo de mí, de mis maneras de relacionarme con la gente y con el Universo. Lo cierto es que el amor es una gran cosa, nos enseña muchísimo de los otros y de una, yo misma. Me siento más madura, más sabia.  Trabajo en muchos defectillos que han surgido, siempre es necesario saber cómo te ven y te viven los demás.

Una de las cosas que más me gustó fue aprender a esperar el momento apropiado para decir las cosas. No que no me pase de pronto irme de la lengua, o de las letras, o cualquier otra forma de escupir pendejadas que parece ser deporte internacional en nuestros días. La cosa es que entre tanta y tanta bronca global, mi globito es color púrpura.

Me duele infinitamente el mundo y sus broncas, los refugiados, los maestros, los desaparecidos, las muertas de Juárez, los periodistas asesinados, los niños en condición de calle. Es triste pero nada ha cambiado en todo esto, los de izquierda actúan como de derecha, los de derecha pugnan por legalizar las drogas, los maltratadores y asesinos de animales, entre los cuales me cuento un poco por comer carne, cada vez menos por gusto y más por cortesía con mi familia y amigos, los machos cibernéticos, Michoacán, Guerrero, Oaxaca, París, Palestina, todo eso me duele y más. Como decía un meme que vi hace poco en Face Book: Me duele la realidad.

Así que tengo que seguir aprendiendo de política, de feminismo, de sexo, de amor, de convivencia, este año di grandes saltos en mi aprendizaje. Al menos eso espero. Va para todos los conflictos que hay en el mundo: El amor sí es la respuesta. La paz, la alegría de vivir. Esas cosas no les voy a dar el gusto de quitármelas. Ni mi derecho a decirles sus cosas cuando me dé la gana: Apestan. Humanidad, apesta. Pero entre todo eso hay muchísima gente que para mí brilla. Los feministas, las feministas, los familiares de los desaparecidos, los refugiados, los migrantes, los poetas, los teatreros, los payasos. etcétera Yo voto por ellos, por los artistas, los artesanos, los agricultores, los ecologistas, las feministas.

Podemos seguirle por ahí, sin duda podemos, pero entre dormir y soñar yo prefiero velar y soñar. Entre estar sola y tener a alguien especial a quien amar, opto por lo segundo. Mucha gente ha perdido todo eso, no es privilegio regional. Pero yo veo mucho bueno en mi muro jeisbuckero, la naturaleza, el universo, los seres humanos conscientes, las mujeres capaces y guerreras. La familia, la pareja, los amigos, los animales, la naturaleza en general, los que luchan por ella, los animalistas. Yo tengo un montón de todo. Hasta de problemas.

Me gusta y a veces entristece la manera que la gente se relaciona con los medios. Al principio de mi relación llegaron a ser un verdadero problema, lo mismo me pasó con mis hijas. Primero pensé que los despreciaba por miedo a conocerlos, como pasa con todo lo diferente o raro en la sociedad y pues en este caso, aplicado a mi persona. Es interesante y terrible cómo puedes conocer a una persona si lo lees con atención. Claro que a mí me sobra imaginación y podría hacer un cuento de cada uno de los personajes que en FB me encuentro.

Me dio mucha tristeza lo de París, pero me dio más tristeza que muchos cayeran en la provocación que hizo FB al publicar la aplicación de la bandera francesa. A veces me parece que estaban haciendo un experimento. Me pregunto cuál será la intención. El resultado, todos lo vimos, ahí está, polarización, exposición de racismo, falta de solidaridad, falta de empatía. Caldo de cultivo para sembrar un poquitín más de horror, la guerra. Si es tercera, cuarta o quinta, qué importa. Y a ver si a alguien se le ocurre analizar el asunto, que a mí me tiene intrigada. Leí muchísimos artículos, muchísimas opiniones. Vi desfilar a los izquierdistas con su tren de palabras, defendiendo su derecho a estar tristes por París y nada más. Como si se pudiera aislar el problema.

Por todo lo anterior es que a veces me da pena andar quejándome de la vida. Tengo un par de hijas maravillosas, un par de hermanas y un par de amigas; las cuatro cuidan de mí como angelitos de la guarda; un compañero, que pretendo sea de vida, un montón de amigos y amigas conscientes, inteligentes, combativos y solidarios. ¿Qué más le puedo pedir a la vida?
Todos tenemos conflictos. Unos más terribles que otros. Lo que sucede en África, Europa o Islandia nos afecta a todos. Pero podemos seguirlos dejando que ellos guíen nuestras prioridades o fijar las propias.

Creo que estamos entre la opción, ¿qué queremos ser? ¿Mutantes como los Hombres X, o como las sociedades e innumerables cosas en el universo? ¿O zombies que van arrastrando su putrefacción, contaminando todo aquel que encuentran? Cada cosa tiene un por qué en la naturaleza, la humanidad se asombra más y más de cuán inteligente y ordenada es. Todas las especies son necesarias, al parecer. ¿Será que la guerra es el signo del humano? No, No creo. Para mi que el mensaje es el contrario y no muchos lo captan. Otros aunque hablan de paz, se hacen la guerra aunque sólo sea por FB.

Así pues, va mi solidaridad global, tal vez universal, con todo aquel que tiene conflictos. Seguimos en la lucha camaradas y enemigos. Para quien piensa y sueña, no hay paz, es todo un círculo vicioso. Es la eterna dualidad a la que nos enfrentamos. Sin bien no hay mal. No obstante el monstruo, aunque tenga siete cabezas, sólo tiene un corazón. Habrá que seguir intentando herirlo de amor, si es que eso se puede. Yo creo que sí, que se puede. Opto por el amor en todas sus formas.

Sólo el amor engendra la maravilla, sólo el amor consigue encender lo muerto. 

La flaca de la esquina.

Noviembre 23 de 2015

domingo, 25 de octubre de 2015

Resurrección en día de muertos

El vigía 
(Silvio Rodríguez)

Agua me pide el retoño 
que tuvo empezar amargo 

va a hacer falta un buen otoño 

tras un verano tan largo 

el verde se está secando 

y el viento sur se demora 
pero yo sigo esperando 
que lleguen cantando 
la lluvia y mi hora.






De unos años a esta parte, a su servilleta le da por escribir un texto de día de muertos a propósito de estas fechas.
Suelo revisar poco, o muy poco el pasado, en realidad, cuando hago revisión son pocas las cosas que me acuerdo, casi todas buenas y de lo malo prefiero hacerme de la vista gorda, total, ¿quién puede cambiar lo hecho? Yo no, pero lo intento a cada paso, en cada día que vivo, respiro, amo, odio, me harto y me resigno.
Esa soy yo, quizá poco objetiva, pero cuando recuerdo los errores que he cometido, son pocos los que me avergüenzan. Más no por eso, hay cosas que una de plano viviría de otra forma si tuviese la sabiduría.
Mi afición por día de muertos comenzó a raíz de que una hermana mía tenía una vecina que hacía una gran ofrenda para sus muertos y luego la invitaba a comer cosas “deliciosas” que yo tenía prohibido hasta oler por mi religión. Como desde infante fui una amante de lo prohibido y una perseguidora de sus sueños, cuando crecí me interesé por muchas de las visiones que de la muerte se tienen en distintas culturas.
He de admitir que me perturbaban un poco las imágenes chabacanas sobre un rito religioso, no sé si litúrgico, nunca fui experta en eso de las misas ni nada de esas vainas. No obstante desde muy niña me tocó jugar entre tumbas, en el atrio de la iglesia del lugar donde yo vivía. Años más tarde inauguré un cementerio para todos los bichitos que encontraba muertos, que eran en su mayoría insectos. Les daba “cristiana sepultura” supongo que copiando el rito que había observado en algún momento ya sea en vivo o en alguna película de Pedro Infante, referentes culturales que manejaba yo a mis seis años.
Más tarde, ya en el DFectuoso, mi ciudad natal, a la cual regresé a los siete u ocho años, no recuerdo bien a bien cuándo, vivíamos junto a una funeraria, sucesos todos que me llevaron una vez más a obsesionarme por el tema.
En ese entonces mamá y yo veíamos muchísimo cine y vi una película que se llamaba Juegos Prohibidos, que toca el tema de los refugiados de la Segunda Guerra Mundial y por ende el de la muerte y que además los mezcla con una historia de amor infantil muy bella.
He estado frente a La Parca varias veces a lo largo de mis 56 años, no recuerdo cuántas. Algunas por accidente, otras por “convicción” propia. La victoria sobre ella ha sido a veces pírrica, pero no por eso: aún respiro, aún sueño, aún amo, aún vivo.
Aprendí sobre la muerte a través de la Biblia y de Don Toribio, quien documentó mi fantasía en mis primeros años de infancia. Y es hasta leer a Carlos Castaneda, y su famoso Don Juan que me renace el gusto por andar siempre de visita en los cementerios, paseo que me encantaba hacer con mis novios desde la secundaria.
Junto con Las enseñanzas de Don Juan y algunas personas que conozco a lo largo de estos 56 años que tiene la que habla, empiezan las pérdidas en serio. Cada año parece aumentar el número de seres queridos que se ausenta, o será que sumados a los anteriores van haciéndose multitud en nuestras vidas.
No sé cuánta gente querida he perdido desde aquella primera vez que me topé por primera vez con La Parca y la vi arrebatarle una vida de las manos a mi madre, la mujer enferma de cáncer a quien inyectaba. Temo que si los enumero, olvide a alguno. ¡Han sido tantos! Así que este año, no revisaré el pasado, no me pondré a pensar en los muertos, trataré de que La Parca me encuentre bien, vivita y coleando. Tengo salud, tengo amor, tengo inteligencia, nomás me falta dinero. De eso el universo se encarga. Yo escribo, cada vez menos de muertos, cada vez más de lo que vivo y por lo que vivo. Leo, leo obsesivamente sobre vivos y muertos, aunque cada vez más de vivos. Sigo reverenciando a La Parca que se ha hecho de la vista gorda cada que me topa.
Hay quien considera que a veces me excedo. Este año trataré de ser muy alegre en honor a todos mis muertos, a los que han muerto físicamente y a los que lo han hecho sentimental o intelectualmente para mí. Así que anímense mis queridos vivos: ofrezco funeral alegre, recuerdos alegres, tal vez un poquitín de drama, siempre que no se exceda uno, eso sí, mucha poesía, mucha nostalgia en el recuerdo, sin importar si la muerte fue sentimental, intelectual o física.
La muerte es lo único que tenemos seguro ya lo dijo alguien: “De aquí nadie sale vivo”. Los mexicanos la recuerdan de mil modos a lo largo y ancho de la república. Bienvenida sea la muerte pues, hasta el mar confabula con La Parca este año.

“Va a hacer falta un buen otoño, tras un verano tan largo”, ya lo dijo el buen Silvio.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Mutante de final de temporada

Pues ahí les va una vintage o retro

Vintage es una palabra inglesa que proviene del anglo-normando vintage, y éste a su vez del francés antiguo vendage. Por su parte, vendage es una evolución de la palabra latina vindemia (de vīnum “vino” + dēmō “quitar”). Demoa su vez está compuesto de las partículas "de" + "emō" (“obtener”).

Nunca acaba una de aprender, yo cada día aprendo algo, es así como me encuentro con la palabreja esa en varias ocasiones sin entender bien a bien qué significa pues es utilizada de muchas maneras. E ignoranta que es una pues decide ir directito a la Wikipedia pa’ encontrarse con cosas tan interesantes como ésta. No dudo que "haigan" fuentes más doctas, pero ya conocen a la Flaca, a veces se pasa de pragmática.
Hace muchos años, conocí a un músico, buen hombre él, o buen intentode al menos, lo dominaban sus vicios, es una lástima, escribía muy bien y componía mucha música, de día y de noche estaba con su instrumento dale y dale y hacía cosas hermosas con las notas, pero a veces sus vicios o manías o salidas o recursos para inspirarse lo hacían desviarse de todo, le era imposible estar en medio, llegaba a los extremos y eso alteraba sus relaciones siempre.
Durante los periodos en que el músico escribía, como nadie sabía mucho de él lo tildaban de mantenido a veces, de flojo otras, porque no “Trabajaba”, si el hombre no paraba de componer y tocar cuando se podía y cuando no estaba buscando cómo y dónde tocar. Que no recibiese pago por lo que hacía, eso era otra cosa. Muchas veces confundimos la gimnasia con la magnesia.
La cuestión a la que quiero llegar es al hecho de que para el artista, y cito al músico por eso, porque es lo más cercano que he estado a un artista, así que no quisiera generalizar, pero al menos ése artista tenía que lidiar con la gente que asumía que ser artista no era trabajo. Tenían que estar ahí para ver lo que el pobre hombre trabajaba. Me enseñó mucho del quehacer artístico.
Conocí a un escritor que tiene 57 libros publicados, no digo el nombre, quizá sean más o menos libros, creo que quiere llegar a cien, el caso, es que el pobre hombre, aunque su apellido es notable nadie lo recuerda, y menos aún un título de alguno de sus libros. O tal vez exagero y hay sectores en los que el tipo sea la neta del planeta, suele suceder. Digo, de alguna manera le hará para financiar sus ediciones. Típico caso del no por eso. En mis círculos cercanos todos lo recuerdan si les digo su nombre, nadie si digo alguno de sus títulos.
Ustedes dirán, ¿a qué viene tan doctas reflexiones hoy flaca? Pues ni más ni menos de las nuevas decisiones, de los cambios, de ese futuro del que les he estado hablando en la Flaca desde hace rato, ese futuro que desde hace rato está aquí, al grado que ya hasta pasado es, todo ese vivir, reflexionar y tratar de aprender lo que es el mundo en su segunda mitad dicen algunos, yo espero que no, no creo que me dé para tanto la vida, pero si me va a dar quiero que me encuentre haciendo lo que me gusta atrapar el presente en historias de siempre, de ayer, de hoy y del futuro. No aspiro a ser Vintage, no quiero ser moderna, anticuada, realista, surrealista, escribo porque necesito hacerlo, porque me gusta y porque La Flaca de la esquina ha sido mi mejor amiga desde que regresé de mi aventura por Cancún.
Verán, La Flaca nació como Blogg en 2010, pero ya tenía largo rato circulando en las redes sociales, su especialidad, la nostalgia. No respondió a ningún intereses personal, económico, sentimental o psicológico, quizá a todo junto, eso sí. Simplemente sentí que le debía a la Flaca, personaje que me invento a partir de un artículo que leí una tarde cualquiera en los años ochenta en una de esas revistas “femeninas” sobre quién era La Flaca de la esquina. Sentí que le debía algo más concreto, más suyo, porque me había acompañado en mi aventura cibernética que inició en los 90, cuando descubrí el Internet y me dediqué a escribir y escribir de mil formas en él. Sobre todo a través de cartas y mensajes, que me sirvieron como plataforma para ir dándole forma a la Flaca de la esquina.
Aquellos que me conocen creen que La Flaca de la esquina soy yo, Aura Eréndira, Eros, La flaca. Se los agradezco pero no, no soy soy yo, qué más quisiera. La Flaca es lo que hubiera querido ser, lo que quisiera y quiero llegar a ser. Por eso me cae requete bien, algún día podré tener su desenfado y su chabacanería para conducirme en la vida. Pero me falta camino por recorrer.
Pues resulta que a Aura Eréndira la escribidora, quiere meter al orden a todas sus hijas y le dio por ponerse a editar sus cosas.
La Flaca de la esquina se muda a un libro a que abarcará del 2010 a esta fecha, de ahí todo esto de lo vintage que reflexiono. La Flaca de la esquina en realidad ya tiene desde los ochenta que me la inventé y le empecé a dar forma. Mi intención es que continúe siempre en mi vida. Hasta que logremos hablar de igual a igual, claro y directo como le gusta eso sí, tanto a La Flaca como a Aura Eréndira.
Ya ustedes le pondrán la etiqueta a mi producto, que es un homenaje a una gran consejera y amiga y les muestra un poquito de lo que escribe Aura.
Además de necedades, por ejemplo, las mutantes,* que son en realidad un género notable del siglo XXI, y disfruto la mar de hacerlas. Viene uno que otro cuento, relato o leyenda y mucha reflexión de ama de casa, de mujer en su segunda adolescencia tratando reordenar su vida y adaptarse a una época que una vez más le exige adaptarse a mil cambios.
Desde luego continúo con el Blogg, no se preocupen mis diez lectores que tengo. Quiero publicar algo para convencerme a mí misma que vale la pena todo este montón de teclazos que he dado desde el 96 a la fecha. Ya basta. Me lanzo a la aventura, a la que me gusta, a la que amo con locura: trabajar en lo que más me gusta. Y me gusta escribir, y he escrito mucho y no sé si valga la pena que los demás lo lean pero nunca lo sabré si no me arriesgo a mostrarles algo. A obligar a algunos a que me conozcan.
La Flaca cierra un ciclo, así, arbitrario, sin más. No es que haya una fecha importante, aunque septiembre para mí país siempre lo sea. Ya ustedes me dirán después de leer la flaca qué tipo de memorias les llegan con lo que escribo, mi pretensión es cerrar el círculo de la comunicación, un mensaje no es nada si no llega a su interlocutor. Hay que utilizar todas las formas para hacérselo llegar.
La palabra vintage se utiliza en principio para referirse a aquellas prendas o accesorios que han sobrevivido al menos veinte años después de su creación convirtiéndose en un clásico preciado. Sin embargo, en el mundo de la moda, se viene utilizando vulgarmente para catalogar también artículos nuevos inspirados en los clásicos, que en realidad son de estilo "retro". Esta confusión no se da por ejemplo en el mundo del automóvil, dónde un Mini Cooper de 1965 es vintage o clásico, mientras que el modelo de Mini fabricado actualmente, inspirado en el anterior, es simplemente retro.
Y hago referencia a la palabra vintage, porque no hablo de literatura sino de productos aunque eso de las etiquetas, a mí en realidad me fastidia, me da mucha flojera; ya ustedes pónganle a lo que escribo la etiqueta que quieran. Yo las llamo reflexiones de un ama de casa escribidora o simplemente textos. Pueden ser también mutaciones de una mujer de la época. Lo que escribo es real, son verdaderas ganas de creérmela, es decir, convencerme que es lo que debo hacer por pretencioso e inútil que me parezca lo que pienso. Lo pongo a su consideración para ver si no soy puro jarabe de pico.