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miércoles, 24 de febrero de 2016

Buen viaje Stinky


Stinky llegó a mi vida hace tres o cuatro años, no recuerdo bien; los años parecen pasar cada vez más  y más rápido. Me lo llevó mi vecina, quien no sé si había notado que dejaba yo alimento para los gatos ferales que habitaban el callejón o fue a partir de llevarme el gato que empecé a darles pues la manada se fue acercando a raíz de la adopción de Stinky.
El estado del animal era deplorable. Tenía tal cantidad de pulgas que ya ni intentaba rascarse. Permanecía tendido como esperando la muerte. Quitarle las pulgas fue toda una bronca. Stinky luchó por su vida cerca de tres meses, con una infección en la boca que ningún veterinario localizaba. Una visita de mi hija le salvó la vida pues fue ella quien al examinarlo lo primero que hizo fue abrirle la boca. De ahí en adelante todo fue viento en popa para el animalito. Se repuso y se convirtió en un hermoso gato, medio desaliñado pues no había tenido mamá gata que le enseñara cómo comportarse como gato, siempre tímido y asustadizo, pero que salía a proteger a la manada de ferales en cuanto escuchaba ruidos que él consideraba peligrosos.

Aquella manada de ferales me enseñó muchísimo sobre los gatos, había tratado siempre con gatos domésticos y conocer esa manada de ferales liderada por una gatita negra con la lengüita de fuera a quien todos protegían y que imagino era la madre más vieja, o al menos la más cuidada por la manada.

Poco a poco los fui cazando para operarlos. La manada se mantuvo estable, no creció mucho. Otros vecinos hacían lo mismo con algunos gatos de la zona. Hace unos meses regresé y fue muy conmovedor que al escuchar mi voz, la manada entera fue a saludarme (pedirme comida). Las vecinas estaban sorprendidas de lo bien que recordaban mi voz.
Y esa fue la primer enseñanza de Stinky, quien estaba agradecidísimo conmigo por haberle salvado la vida. Tierno, dulce, fiel, era mi gato trapo. Podía ponérmelo de bufanda y él era feliz pues era mamá dándole cariño. Confiaba plenamente en mí, me llenaba de muestras de afecto, su mirada amorosa me acompañaba todas las noches antes de dormir.  Sus enormes bigotes haciéndome cosquillas pues le encantaba acercar su cara a la mía, sus maullidos, suaves, tiernos.

De verdad es maravilloso cómo todo ser vivo reacciona al afecto, desde una flor hasta una fiera. Stinky superó estos dos años sus reservas hacia los humanos. Le encantaba colarse en la cama conmigo y con Eduardo, al que al principio ignoraba olímpicamente y después aceptó e hizo partícipe de nuestro rito nocturno de miradas y caricias.
Creo que Stinky tuvo una vida feliz, especialmente el último año, en el cual se hizo muy amigo de Merlot, quien es la gata más alegre y tierna que hay en la tierra. Todas las mañanas organizaban corretizas y desastres provocados por las mismas.
Hasta en su agonía Stinky mostró su profundo amor por su mami. Quiso refugiarse en mis brazos y no me cansé de decirle cuánto lo quería. Se fue sabiéndose amado,  espero que no haya sufrido mucho. No dio indicios de estar sufriendo hasta hace ocho días, pero estaba bajo control, al parecer la libraría. No sé qué pasó, necesito saberlo por los otros gatos, pero espero que sea lo que sea No haya sufrido tanto.



Me quedo con su mirada fiel, constante, amorosa. Con sus cariñitos y sus celos de las últimas fechas. Ojalá donde vaya tenga una mamá que lo acaricie todo el día, como él quería. Adiós querido mío. Gracias por todas las lecciones, por las preocupaciones y las sonrisas, por dejarme acicalarte y deshacerte uno a uno los nudos de su pelo hirsuto. Gracias por todos los momentos que tuvieron sentido porque le cuidaba y amaba. Buen viaje Stinky.

lunes, 23 de noviembre de 2015

Mutante o zombi


Debes amar, la arcilla que va en tus manos, 
          debes amar su arena hasta la locura.
Y si no, no la emprendas, que será en vano.
Sólo el amor alumbra lo que perdura
Sólo el amor convierte en milagro el barro
Silvio Rodríguez "Debes amar"

Con este rollito de FB de enviarnos las memorias que guarda, me puse a hacer un ejercicio que hago año con año y que francamente planeaba saltármelo este año. El día de muertos siempre hago un texto, pero este año me sentía demasiado viva como para poder escribir sobre la muerte.

He andado de vacaciones en esto de la escribida y es que sin duda eso de estar enamorada siempre ha consumido la mayor parte de mi energía. No por eso, pago mi deuda: Ahí les va una mutante zombi, para que no digan que no ando en la onda. Un poquito a destiempo, ya viene navidad y el día de muertos pasa a mejor vida. Ni hablar, las letras salen cuando deben, no antes, no después.

Resulta que esto de París me tocó botones y fibras que había olvidado que tenía. No que no esté siempre pendiente de las noticias, es un terrible defecto que además al parecer le heredé por lo menos a una de mis hijas. La otra aunque no quiera, como nos está pasando a todos los usuarios y/o consumidores del JeisBook, termina enterándose siempre de los hechos. Y a huevo que se pone una de reflexiosa.

De por sí la situación nacional no era tan prometedora. Y yo sintiéndome culpable de estar dedicada a mi amado. ¡Qué dirán de su servilleta mis amigas feministas! No por eso. La verdad  desde hace un año me he dedicado a echar novio y hacerme un poco de la vista gorda con todo esto que pasa en el mundo y en mi vida. Creo que me lo debía. Aunque para ser honesta, eso de que me hacía de la vista gorda, es como siempre en mí, un decir. Pues bien conocida y sabida mi necedad de enredarme en todo lo que me rodea.

Y por supuesto que una acaba siempre más que enrollada con todo lo que pasa y para no olvidar que vive en un mundo globalizado, aunque la señora que escribe esto se crea que su globito es el único,  resulta que terminé tirada en la lona. Casi me ganan la partida.

El día siguiente al suceso en París, estaba tan indignada con la gente que no quise publicar nada. Sólo hubiese abonado a la ola de racismo, que al menos en mi caso llega a tales extremos con Estados Unidos, que por más que yo quiera ser cortés no puedo, me sale el racismo y detesto su sistema, sus formas, su gente descerebrada, pocos se salvan, y detesto aún más a la gente que se dedica a hablar, y ahora gracias al FB, hasta a escribir, sin tener ni idea de las cosas.

Así pues, pospuse lo de escribir sobre el asunto. Porque sin duda en ese momento, pese a lo “bien informada que estoy”, hasta yo me confundí un rato sobre cuál era el punto y alguna que otra publicación comenté. Después quise darles el beneficio de la duda. A lo mejor era mi racismo contra los Gringos o que su actuar definitivamente me saca lo peor, de ese odioso defecto que tengo que es el racismo. Quienes me conocen y el Universo saben de mi lucha contra ese mal sentimiento que aún no he logrado extirpar y quizá nunca haga, pero que cada vez se va extendiendo, porque antes era Estados Unidos y ya, y ahora resulta que se le suman la Unión Europea, Rusia, Gran Bretaña, en fin, el enemigo es el mismo, nomás que con más cabezas como todo monstruo. No puedo evitar pensar en el monstruo de siete cabezas del Apocalipsis. Algo así.

Este nuevo pinche orden de cosas que no da chance ni de amar, ni de soñar, ni de jugar con los arcanos, me choca y me lo paso por el Arco del Triunfo, me dedico a amar a un hombre apasionadamente, paso un año entero soñando cosas que quiero para mí y cómo las quiero, aprendo todo lo que puedo aprender y creo que así le pinto mocos al imperio.

¡Ja!, el equivalente en México a lo anterior es pintarle dedo a un policía. Nunca lo hice, pero muchas veces pensé en hacerlo, no lo hice porque sabía que tendría que atenerme a las consecuencias. Y sí, pintarle el dedo no sirve ni para quitarle un pelo al Imperio, ni siquiera soy voz autorizada ni pretendo serlo, con la culpa que me da mi racismo y mis merecidas vacaciones. El trancazo por supuesto se siente mucho más fuerte entre más andas arriba. Así que me otorgaba algunas dosis de realismo de mes en mes. Mucho FB y poca Carmen, mucho amor y muchos animalitos.

Y entre tantas cosas, el resumen. El mundo empeoró cien por ciento. Yo mejoré otro tanto. El saldo es positivo, he aprendido muchísimo de mí, de mis maneras de relacionarme con la gente y con el Universo. Lo cierto es que el amor es una gran cosa, nos enseña muchísimo de los otros y de una, yo misma. Me siento más madura, más sabia.  Trabajo en muchos defectillos que han surgido, siempre es necesario saber cómo te ven y te viven los demás.

Una de las cosas que más me gustó fue aprender a esperar el momento apropiado para decir las cosas. No que no me pase de pronto irme de la lengua, o de las letras, o cualquier otra forma de escupir pendejadas que parece ser deporte internacional en nuestros días. La cosa es que entre tanta y tanta bronca global, mi globito es color púrpura.

Me duele infinitamente el mundo y sus broncas, los refugiados, los maestros, los desaparecidos, las muertas de Juárez, los periodistas asesinados, los niños en condición de calle. Es triste pero nada ha cambiado en todo esto, los de izquierda actúan como de derecha, los de derecha pugnan por legalizar las drogas, los maltratadores y asesinos de animales, entre los cuales me cuento un poco por comer carne, cada vez menos por gusto y más por cortesía con mi familia y amigos, los machos cibernéticos, Michoacán, Guerrero, Oaxaca, París, Palestina, todo eso me duele y más. Como decía un meme que vi hace poco en Face Book: Me duele la realidad.

Así que tengo que seguir aprendiendo de política, de feminismo, de sexo, de amor, de convivencia, este año di grandes saltos en mi aprendizaje. Al menos eso espero. Va para todos los conflictos que hay en el mundo: El amor sí es la respuesta. La paz, la alegría de vivir. Esas cosas no les voy a dar el gusto de quitármelas. Ni mi derecho a decirles sus cosas cuando me dé la gana: Apestan. Humanidad, apesta. Pero entre todo eso hay muchísima gente que para mí brilla. Los feministas, las feministas, los familiares de los desaparecidos, los refugiados, los migrantes, los poetas, los teatreros, los payasos. etcétera Yo voto por ellos, por los artistas, los artesanos, los agricultores, los ecologistas, las feministas.

Podemos seguirle por ahí, sin duda podemos, pero entre dormir y soñar yo prefiero velar y soñar. Entre estar sola y tener a alguien especial a quien amar, opto por lo segundo. Mucha gente ha perdido todo eso, no es privilegio regional. Pero yo veo mucho bueno en mi muro jeisbuckero, la naturaleza, el universo, los seres humanos conscientes, las mujeres capaces y guerreras. La familia, la pareja, los amigos, los animales, la naturaleza en general, los que luchan por ella, los animalistas. Yo tengo un montón de todo. Hasta de problemas.

Me gusta y a veces entristece la manera que la gente se relaciona con los medios. Al principio de mi relación llegaron a ser un verdadero problema, lo mismo me pasó con mis hijas. Primero pensé que los despreciaba por miedo a conocerlos, como pasa con todo lo diferente o raro en la sociedad y pues en este caso, aplicado a mi persona. Es interesante y terrible cómo puedes conocer a una persona si lo lees con atención. Claro que a mí me sobra imaginación y podría hacer un cuento de cada uno de los personajes que en FB me encuentro.

Me dio mucha tristeza lo de París, pero me dio más tristeza que muchos cayeran en la provocación que hizo FB al publicar la aplicación de la bandera francesa. A veces me parece que estaban haciendo un experimento. Me pregunto cuál será la intención. El resultado, todos lo vimos, ahí está, polarización, exposición de racismo, falta de solidaridad, falta de empatía. Caldo de cultivo para sembrar un poquitín más de horror, la guerra. Si es tercera, cuarta o quinta, qué importa. Y a ver si a alguien se le ocurre analizar el asunto, que a mí me tiene intrigada. Leí muchísimos artículos, muchísimas opiniones. Vi desfilar a los izquierdistas con su tren de palabras, defendiendo su derecho a estar tristes por París y nada más. Como si se pudiera aislar el problema.

Por todo lo anterior es que a veces me da pena andar quejándome de la vida. Tengo un par de hijas maravillosas, un par de hermanas y un par de amigas; las cuatro cuidan de mí como angelitos de la guarda; un compañero, que pretendo sea de vida, un montón de amigos y amigas conscientes, inteligentes, combativos y solidarios. ¿Qué más le puedo pedir a la vida?
Todos tenemos conflictos. Unos más terribles que otros. Lo que sucede en África, Europa o Islandia nos afecta a todos. Pero podemos seguirlos dejando que ellos guíen nuestras prioridades o fijar las propias.

Creo que estamos entre la opción, ¿qué queremos ser? ¿Mutantes como los Hombres X, o como las sociedades e innumerables cosas en el universo? ¿O zombies que van arrastrando su putrefacción, contaminando todo aquel que encuentran? Cada cosa tiene un por qué en la naturaleza, la humanidad se asombra más y más de cuán inteligente y ordenada es. Todas las especies son necesarias, al parecer. ¿Será que la guerra es el signo del humano? No, No creo. Para mi que el mensaje es el contrario y no muchos lo captan. Otros aunque hablan de paz, se hacen la guerra aunque sólo sea por FB.

Así pues, va mi solidaridad global, tal vez universal, con todo aquel que tiene conflictos. Seguimos en la lucha camaradas y enemigos. Para quien piensa y sueña, no hay paz, es todo un círculo vicioso. Es la eterna dualidad a la que nos enfrentamos. Sin bien no hay mal. No obstante el monstruo, aunque tenga siete cabezas, sólo tiene un corazón. Habrá que seguir intentando herirlo de amor, si es que eso se puede. Yo creo que sí, que se puede. Opto por el amor en todas sus formas.

Sólo el amor engendra la maravilla, sólo el amor consigue encender lo muerto. 

La flaca de la esquina.

Noviembre 23 de 2015

domingo, 25 de octubre de 2015

Resurrección en día de muertos

El vigía 
(Silvio Rodríguez)

Agua me pide el retoño 
que tuvo empezar amargo 

va a hacer falta un buen otoño 

tras un verano tan largo 

el verde se está secando 

y el viento sur se demora 
pero yo sigo esperando 
que lleguen cantando 
la lluvia y mi hora.






De unos años a esta parte, a su servilleta le da por escribir un texto de día de muertos a propósito de estas fechas.
Suelo revisar poco, o muy poco el pasado, en realidad, cuando hago revisión son pocas las cosas que me acuerdo, casi todas buenas y de lo malo prefiero hacerme de la vista gorda, total, ¿quién puede cambiar lo hecho? Yo no, pero lo intento a cada paso, en cada día que vivo, respiro, amo, odio, me harto y me resigno.
Esa soy yo, quizá poco objetiva, pero cuando recuerdo los errores que he cometido, son pocos los que me avergüenzan. Más no por eso, hay cosas que una de plano viviría de otra forma si tuviese la sabiduría.
Mi afición por día de muertos comenzó a raíz de que una hermana mía tenía una vecina que hacía una gran ofrenda para sus muertos y luego la invitaba a comer cosas “deliciosas” que yo tenía prohibido hasta oler por mi religión. Como desde infante fui una amante de lo prohibido y una perseguidora de sus sueños, cuando crecí me interesé por muchas de las visiones que de la muerte se tienen en distintas culturas.
He de admitir que me perturbaban un poco las imágenes chabacanas sobre un rito religioso, no sé si litúrgico, nunca fui experta en eso de las misas ni nada de esas vainas. No obstante desde muy niña me tocó jugar entre tumbas, en el atrio de la iglesia del lugar donde yo vivía. Años más tarde inauguré un cementerio para todos los bichitos que encontraba muertos, que eran en su mayoría insectos. Les daba “cristiana sepultura” supongo que copiando el rito que había observado en algún momento ya sea en vivo o en alguna película de Pedro Infante, referentes culturales que manejaba yo a mis seis años.
Más tarde, ya en el DFectuoso, mi ciudad natal, a la cual regresé a los siete u ocho años, no recuerdo bien a bien cuándo, vivíamos junto a una funeraria, sucesos todos que me llevaron una vez más a obsesionarme por el tema.
En ese entonces mamá y yo veíamos muchísimo cine y vi una película que se llamaba Juegos Prohibidos, que toca el tema de los refugiados de la Segunda Guerra Mundial y por ende el de la muerte y que además los mezcla con una historia de amor infantil muy bella.
He estado frente a La Parca varias veces a lo largo de mis 56 años, no recuerdo cuántas. Algunas por accidente, otras por “convicción” propia. La victoria sobre ella ha sido a veces pírrica, pero no por eso: aún respiro, aún sueño, aún amo, aún vivo.
Aprendí sobre la muerte a través de la Biblia y de Don Toribio, quien documentó mi fantasía en mis primeros años de infancia. Y es hasta leer a Carlos Castaneda, y su famoso Don Juan que me renace el gusto por andar siempre de visita en los cementerios, paseo que me encantaba hacer con mis novios desde la secundaria.
Junto con Las enseñanzas de Don Juan y algunas personas que conozco a lo largo de estos 56 años que tiene la que habla, empiezan las pérdidas en serio. Cada año parece aumentar el número de seres queridos que se ausenta, o será que sumados a los anteriores van haciéndose multitud en nuestras vidas.
No sé cuánta gente querida he perdido desde aquella primera vez que me topé por primera vez con La Parca y la vi arrebatarle una vida de las manos a mi madre, la mujer enferma de cáncer a quien inyectaba. Temo que si los enumero, olvide a alguno. ¡Han sido tantos! Así que este año, no revisaré el pasado, no me pondré a pensar en los muertos, trataré de que La Parca me encuentre bien, vivita y coleando. Tengo salud, tengo amor, tengo inteligencia, nomás me falta dinero. De eso el universo se encarga. Yo escribo, cada vez menos de muertos, cada vez más de lo que vivo y por lo que vivo. Leo, leo obsesivamente sobre vivos y muertos, aunque cada vez más de vivos. Sigo reverenciando a La Parca que se ha hecho de la vista gorda cada que me topa.
Hay quien considera que a veces me excedo. Este año trataré de ser muy alegre en honor a todos mis muertos, a los que han muerto físicamente y a los que lo han hecho sentimental o intelectualmente para mí. Así que anímense mis queridos vivos: ofrezco funeral alegre, recuerdos alegres, tal vez un poquitín de drama, siempre que no se exceda uno, eso sí, mucha poesía, mucha nostalgia en el recuerdo, sin importar si la muerte fue sentimental, intelectual o física.
La muerte es lo único que tenemos seguro ya lo dijo alguien: “De aquí nadie sale vivo”. Los mexicanos la recuerdan de mil modos a lo largo y ancho de la república. Bienvenida sea la muerte pues, hasta el mar confabula con La Parca este año.

“Va a hacer falta un buen otoño, tras un verano tan largo”, ya lo dijo el buen Silvio.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Mutante de final de temporada

Pues ahí les va una vintage o retro

Vintage es una palabra inglesa que proviene del anglo-normando vintage, y éste a su vez del francés antiguo vendage. Por su parte, vendage es una evolución de la palabra latina vindemia (de vīnum “vino” + dēmō “quitar”). Demoa su vez está compuesto de las partículas "de" + "emō" (“obtener”).

Nunca acaba una de aprender, yo cada día aprendo algo, es así como me encuentro con la palabreja esa en varias ocasiones sin entender bien a bien qué significa pues es utilizada de muchas maneras. E ignoranta que es una pues decide ir directito a la Wikipedia pa’ encontrarse con cosas tan interesantes como ésta. No dudo que "haigan" fuentes más doctas, pero ya conocen a la Flaca, a veces se pasa de pragmática.
Hace muchos años, conocí a un músico, buen hombre él, o buen intentode al menos, lo dominaban sus vicios, es una lástima, escribía muy bien y componía mucha música, de día y de noche estaba con su instrumento dale y dale y hacía cosas hermosas con las notas, pero a veces sus vicios o manías o salidas o recursos para inspirarse lo hacían desviarse de todo, le era imposible estar en medio, llegaba a los extremos y eso alteraba sus relaciones siempre.
Durante los periodos en que el músico escribía, como nadie sabía mucho de él lo tildaban de mantenido a veces, de flojo otras, porque no “Trabajaba”, si el hombre no paraba de componer y tocar cuando se podía y cuando no estaba buscando cómo y dónde tocar. Que no recibiese pago por lo que hacía, eso era otra cosa. Muchas veces confundimos la gimnasia con la magnesia.
La cuestión a la que quiero llegar es al hecho de que para el artista, y cito al músico por eso, porque es lo más cercano que he estado a un artista, así que no quisiera generalizar, pero al menos ése artista tenía que lidiar con la gente que asumía que ser artista no era trabajo. Tenían que estar ahí para ver lo que el pobre hombre trabajaba. Me enseñó mucho del quehacer artístico.
Conocí a un escritor que tiene 57 libros publicados, no digo el nombre, quizá sean más o menos libros, creo que quiere llegar a cien, el caso, es que el pobre hombre, aunque su apellido es notable nadie lo recuerda, y menos aún un título de alguno de sus libros. O tal vez exagero y hay sectores en los que el tipo sea la neta del planeta, suele suceder. Digo, de alguna manera le hará para financiar sus ediciones. Típico caso del no por eso. En mis círculos cercanos todos lo recuerdan si les digo su nombre, nadie si digo alguno de sus títulos.
Ustedes dirán, ¿a qué viene tan doctas reflexiones hoy flaca? Pues ni más ni menos de las nuevas decisiones, de los cambios, de ese futuro del que les he estado hablando en la Flaca desde hace rato, ese futuro que desde hace rato está aquí, al grado que ya hasta pasado es, todo ese vivir, reflexionar y tratar de aprender lo que es el mundo en su segunda mitad dicen algunos, yo espero que no, no creo que me dé para tanto la vida, pero si me va a dar quiero que me encuentre haciendo lo que me gusta atrapar el presente en historias de siempre, de ayer, de hoy y del futuro. No aspiro a ser Vintage, no quiero ser moderna, anticuada, realista, surrealista, escribo porque necesito hacerlo, porque me gusta y porque La Flaca de la esquina ha sido mi mejor amiga desde que regresé de mi aventura por Cancún.
Verán, La Flaca nació como Blogg en 2010, pero ya tenía largo rato circulando en las redes sociales, su especialidad, la nostalgia. No respondió a ningún intereses personal, económico, sentimental o psicológico, quizá a todo junto, eso sí. Simplemente sentí que le debía a la Flaca, personaje que me invento a partir de un artículo que leí una tarde cualquiera en los años ochenta en una de esas revistas “femeninas” sobre quién era La Flaca de la esquina. Sentí que le debía algo más concreto, más suyo, porque me había acompañado en mi aventura cibernética que inició en los 90, cuando descubrí el Internet y me dediqué a escribir y escribir de mil formas en él. Sobre todo a través de cartas y mensajes, que me sirvieron como plataforma para ir dándole forma a la Flaca de la esquina.
Aquellos que me conocen creen que La Flaca de la esquina soy yo, Aura Eréndira, Eros, La flaca. Se los agradezco pero no, no soy soy yo, qué más quisiera. La Flaca es lo que hubiera querido ser, lo que quisiera y quiero llegar a ser. Por eso me cae requete bien, algún día podré tener su desenfado y su chabacanería para conducirme en la vida. Pero me falta camino por recorrer.
Pues resulta que a Aura Eréndira la escribidora, quiere meter al orden a todas sus hijas y le dio por ponerse a editar sus cosas.
La Flaca de la esquina se muda a un libro a que abarcará del 2010 a esta fecha, de ahí todo esto de lo vintage que reflexiono. La Flaca de la esquina en realidad ya tiene desde los ochenta que me la inventé y le empecé a dar forma. Mi intención es que continúe siempre en mi vida. Hasta que logremos hablar de igual a igual, claro y directo como le gusta eso sí, tanto a La Flaca como a Aura Eréndira.
Ya ustedes le pondrán la etiqueta a mi producto, que es un homenaje a una gran consejera y amiga y les muestra un poquito de lo que escribe Aura.
Además de necedades, por ejemplo, las mutantes,* que son en realidad un género notable del siglo XXI, y disfruto la mar de hacerlas. Viene uno que otro cuento, relato o leyenda y mucha reflexión de ama de casa, de mujer en su segunda adolescencia tratando reordenar su vida y adaptarse a una época que una vez más le exige adaptarse a mil cambios.
Desde luego continúo con el Blogg, no se preocupen mis diez lectores que tengo. Quiero publicar algo para convencerme a mí misma que vale la pena todo este montón de teclazos que he dado desde el 96 a la fecha. Ya basta. Me lanzo a la aventura, a la que me gusta, a la que amo con locura: trabajar en lo que más me gusta. Y me gusta escribir, y he escrito mucho y no sé si valga la pena que los demás lo lean pero nunca lo sabré si no me arriesgo a mostrarles algo. A obligar a algunos a que me conozcan.
La Flaca cierra un ciclo, así, arbitrario, sin más. No es que haya una fecha importante, aunque septiembre para mí país siempre lo sea. Ya ustedes me dirán después de leer la flaca qué tipo de memorias les llegan con lo que escribo, mi pretensión es cerrar el círculo de la comunicación, un mensaje no es nada si no llega a su interlocutor. Hay que utilizar todas las formas para hacérselo llegar.
La palabra vintage se utiliza en principio para referirse a aquellas prendas o accesorios que han sobrevivido al menos veinte años después de su creación convirtiéndose en un clásico preciado. Sin embargo, en el mundo de la moda, se viene utilizando vulgarmente para catalogar también artículos nuevos inspirados en los clásicos, que en realidad son de estilo "retro". Esta confusión no se da por ejemplo en el mundo del automóvil, dónde un Mini Cooper de 1965 es vintage o clásico, mientras que el modelo de Mini fabricado actualmente, inspirado en el anterior, es simplemente retro.
Y hago referencia a la palabra vintage, porque no hablo de literatura sino de productos aunque eso de las etiquetas, a mí en realidad me fastidia, me da mucha flojera; ya ustedes pónganle a lo que escribo la etiqueta que quieran. Yo las llamo reflexiones de un ama de casa escribidora o simplemente textos. Pueden ser también mutaciones de una mujer de la época. Lo que escribo es real, son verdaderas ganas de creérmela, es decir, convencerme que es lo que debo hacer por pretencioso e inútil que me parezca lo que pienso. Lo pongo a su consideración para ver si no soy puro jarabe de pico.

¿Suicidio?

¿Con que esto se siente? Me duele cada poro de la piel, cada músculo, mis vísceras son un amasijo de dolor y mi cerebro ni olvidó ni está mejor, sigo pensando en él apenas abro ojo y cerebro. Habrase visto, diría mi madre.
En realidad le estoy dando demasiada importancia al imbécil, la verdad es que había más, mucho más alrededor mío que de plano, ya me daba mucha hueva, tantas cosas por hacer, tanto mundo, y yo varada en esta relación absurda de la cual no sé si quiero escapar o no, pero debo.
Un doctor entra, a tirarme algún choro supongo, no tengo ganas de responder preguntas inútiles ni escuchar consejos que me sé de memoria, he consultado cuanto libro de autoayuda imaginé, he tomado pinche mil terapias. Mi mente se aleja cuando escucha el típico, ¿cómo estamos? ¿Estamos cabrón? Estoy, no veo que te hayan puesto ni una inyección recientemente, eso no importa,  yo me metí en este lío, lo sé, yo me lo cociné y me lo estoy tragando. No vengas de condescendiente conmigo, llévate tu falsa empatía para otra.
Cómo fue que sucedió todo. En parte era lo que había planeado y en parte no, fue un tanto fortuito. Había llegado a casa y su madre quien hacía un par de meses había fallecido, venía de  discutir una vez más con él, esta vez la había amenazado con cortarse las venas, tenía una navaja en las manos que por suerte tiró antes de tomarla por el cuello. Con lo loco que estaba la aterraba que cumpliera sus promesas. No, ella no iba a ir a dar a la cárcel porque el jijo éste siguiera empecinado en hacerle la vida de cuadritos, así que empezó a urdir el suicidio. El primer problema que se encontró en su casa fue el de sus animales, así que fue a la casa de su madre, quien había fallecido unos meses antes.
Llegó pasado el mediodía y dispuso todo, la cinta de aislar, los sedantes, etcétera. Calculaba que unas dos horas hubiese pasado todo. Desconectó la luz para que quien llegase y la prendiera no fuese a explotar. Y el doctor empecinado en sacar respuestas a un cerebro que viaja a años luz de aquel cuarto blanco como partes completas de su mente.
¿Dónde y cómo empezó todo? No recuerda, su memoria está fragmentada, es difícil saber cuáles recuerdos son reales y cuáles fruto de las medicinas. Como si se tratase de una matriushka, mil ellas salen una que contiene a otra, pero a diferencia de aquéllas, cada una es totalmente distinta a la otra. Sus oídos zumban. Debió matar al tipo y no andarse metiendo en estas pendejadas. Demasiado tarde, el daño está hecho.
No me da la gana contestarle doctor, estoy bien, pensando, necesito estar sola, no quiero ver a nadie, un tiempo a solas es todo lo que pido. Detrás de él esperan dos enfermeras para tomar muestras de sangre y amenazan con un plato de comida. Sólo de pensar en comida me atormenta la náusea.
--Todavía está bajo los efectos del gas, y los sedantes empeoraron la situación. –El doctor habla a un interlocutor invisible, es obvio que no es a las enfermeras. Te preguntas quién más está en el cuarto, si abres los ojos tu visión del ojo izquierdo está del todo deformada, todo lo que ves es un muro grisáceo de formas revueltas que se ciernen sobre ti. ¿Y si me quedé ciega de un ojo?, piensa. Entra en pánico; trata de respirar y recordar sus miles de clases de yoga, tai chi, psicodanza y cuanta pendejada a la cual recurrió tratando de aprender a estar bien a pesar de lo que a su alrededor pasaba. El chiste es aislarse, buscar ese puto en blanco en tu mente que permita refugiarte aunque sólo sea un segundo.
Amaranta vuelve a abrir los ojos, siente el cuerpo entero en llamas, intenta quitarse las mantas que la cubren pero el suero se lo impide. Una enfermera se acerca al escucharla moverse. ¿Está bien? ¿Necesita algo?
¿Qué si necesito algo? ¿No ve que estoy ardiendo en fiebre? ¿O sólo yo me doy cuenta? Interpreta mi silencio querida, ya sé que no puedo moverme pero podrías ser un poco más proactiva, quizá tomarme la temperatura. Ni hablar, hay que esperar al cambio de turno para que se den cuenta que estás ardiendo en fiebre. No les darás el gusto de decírselo. Aguanta la sed flaca.
La enfermera se inclina y le moja la boca con un algodón húmedo. Agradeces con la mirada. Parece que te entendió. ¿No quiere hablar? La entiendo, no se crea, yo también he estado a punto de mandar al carajo todo y cortarme las venas, con tanto problema por el que pasa una cuando es mujer, no en vano mamá lloraba cada que una mujer nacía en su familia. Mi madre también lloraba cuando había una mujer nueva en la  familia… La mujer habla y habla. Te haces la dormidar para librarte de ella, … lo mismo si nacía que si era por parte de mis hermanos, sabía que sus hijos no eran muy bien educados, siempre se disculpaba diciendo que les había hecho falta la figura paterna. Una lana es lo que les hizo falta, porque nalgadas les dio muchas nuestra vieja.
Qué sabe esta jovencita que te está dando sermones sobre el aguante, los hijos, la familia, a quién le importas. Que a Dios, dice la muy ilusa, no se ha enterado que no existe. Y si existiera, ya lo veo retepreocupado de las pendejadas que hago, o de la bola de mierda que todos traen cargando y con la cual contaminan todo a su paso.
Uno se lo cocina uno se lo traga, me dijo una vez una amiga médica, estudiante de psiquiatría, uno recibe el amor que se busca, así también te lo enseñó tu madre, ni más ni menos. Así es la vida, te repite y repite la lección hasta que la entiendas. O no, a veces se supone que entiendes a la primera y entonces como eres un alma o espíritu viejo te llama a su lado. No sé de dónde saco tanta pendejada, siempre pensando estupideces. Dejando lo importante de lado.
Necesitas silenciar tu mente un rato, no puedes permanecer mucho tiempo aquí. Vete a saber quién esté pagando, si él, si tu hermana o alguna amiga. Tu hermana y tu mejor amiga han estado al pie del cañón, vienen dos veces a la semana, te hablan de cualquier cosa, no lo mencionan. Eso en realidad no te importa, a partir de que te dormiste ya no hubo más que el zumbido que te atormenta noche en día como soundtrack de mil imágenes de tu vida que desfilan.
¿Por qué habrías de no querer vivir? ¿En verdad fuiste capaz de idear el cómo, el cuándo y el dónde? No recuerdas haber tenido tanta cordura en años, dos por lo menos. Y precisamente ese día que él había tratado de matarte, hubiera sido más fácil dejar que él lo hiciera, ¿qué no? Hay una laguna de horas que no recuerdas entre que saliste de tu casa hacia casa de tu madre, no recuerdas nada, insultos, gritos, golpes, las manos de él apretándose alrededor de tu cuello. Corte a tú en casa de tu madre tomando unas pastillas para tranquilizarte. Según tú era tu madre quien te las daba, así de mal andabas. Ahí estás tú pensando noche y día todas estas tonterías. Por eso has guardado ese obstinado silencio, si no hay nada que decir que valga la pena, para qué decirlo, y si les dijera me atarían y llevarían al psiquiátrico aunque como nadie menciona nada crees que es ahí donde estás.
Es muy molesto el aire que ha adoptado la gente. Unos son muy melosos, te tratan como a retrasada mental, otros tratan de ser animosos y caen en lo vulgar. Tienes la sensación de que  tu madre vino, pero en realidad sabes que sueñas, ella murió hace meses, aunque hoy sí, alguien vino, en realidad no tienes idea porque tu cuerpo y tu mente andan en regiones distintas. Será mejor tratar de poner en blanco la primera.
Entro en el silencio y escucho, recuerdas un mantra que aprendiste cuando tuviste otra crisis y fuiste a dar a una de esas terapias de quiérete a ti misma. Eso es lo que querías en realidad cuando te tomaste las pastillas. No puedes recordar en qué momento las tomaste, todo ese día está en el limbo. ¿A qué hora me desperté? A quién llamé. Aunque últimamente te has apartado del mundo y no le llamas a nadie. Era una manera de dejar de sentirte mal, antes lo hacías porque pensabas que a alguien le podría importar dónde andabas y después porque servía para que él te rastreara y cuestionara, porque sí, la verdad sí le mentías a cada paso, era una manera de evitar que se enojara. Tonta de mí, como si algo hubiese podido evitar que se enojara. A ratos dudas que los demás hayan venido, tal vez son sólo recuerdos que andan desbalagados por su mente y no han venido, no tienen en realidad por qué, ¿cómo habrían de enterarse, ni que fueras la mujer del año o la modelo del día. ¿A quién puedes importarle?
Muy poco sensato, dijo el doctor en su larga perorata el otro día. Ella nunca había sido sensata, pero llegar a esto, qué imbécil, debió matar al tipo, era mucho más fácil. Lo último que recuerda es el pensar hacerlo, ya la tenía harta. Pero le habían advertido que el mayor número de presas que mataron a su marido fue en defensa propia y se los cobran como si los pendejos valieran la pena. De pronto te sorprendes pensando como ellos. Que se los cojan a todos, piensas. ¿Así o más machista? Planeas las más dolorosas venganzas. Pero ella esta vez no pensaba mucho, había estado muy cerca, no sabe qué lo hizo aflojar porque ella estaba defendiéndose con todo y él apretaba y apretaba. De pronto fue como si apagaran la luz y te entregaste a la sensación, te dejaste ir y fue cuando él debe haber parado. Cuando abriste los ojos estabas muy golpeada, golpes que no recuerdas cuándo ni cómo te dio porque todo lo que recuerdas son sus manos alrededor de tu cuello.
Por fin entendieron y retiraron al medicucho ese que me caía gordo, en su lugar viene ahora una mujer de rostro bello y amable, me gusta, no le contesto tampoco pero la apruebo con la mirada. No la escucho mucho, su voz es dulce y sedante y me gusta escucharla, aunque la verdad habla poco. Toma notas y notas.
En lo que a ti concierne que se los cojan a todos, que te dejen en paz, no hay de qué hablar, no hay a qué darle la vuelta. Todo fue un lamentable accidente, un mal viaje, una pésima decisión. No recuerdas ni quieres recordar cómo llegaste a una conclusión tan estúpida. Pero el miedo nos hace actuar de maneras extrañas siempre.
Recuerdas a la amiga que se lió a golpes con un ladrón por su cartera. Te pusiste furiosa porque ella se había expuesto de esa manera innecesaria. Era su quincena, la comida de sus hijas, dijo. Le prestaste una lana y la mandaste regañada a su casa. No se valía, tenía a sus chamaquitas y debía ser más prudente. No es hacerte el paro, tú ya eres grande, ya no son chamaquitas, ese rol lo jugaste convencida y sin duda lo disfrutaste hasta el tuétano, como disfrutas las cosas, con todo.
Las memorias y las culpas se revuelven en tu cerebro una vez más. Sientes haber exagerado siempre, te gustaba dramatizar, la verdad es que desde que saliste de casa en realidad tu vida era demasiado aburrida comparada con los primeros 16 en casa de tus padres. Cualquier cosa era más tranquila, más aburrida, más predecible.
Al principio era el enojo lo que la hacía callar. Pero con el paso de los días, meses horas (en realidad no sabes cuántos pues pasas de dormir y soñar a sufrir o gozar según sea el caso de las visitas que vienen a “animarla”). Los sueños e historias se mezclan, hay enormes lagunas en tu cabeza y estás convencida que son las medicinas que te están dando. De vez en cuando te dan alguna que te pone medio eufórica, pero en realidad tienes el temor de que cuando por fin decidas hacerlo, cuando decidas hablar, te vacíes, en sueños te has visto abriendo la boca y expulsando un torrente de río personas, dioses, animales, flores, frutos, árboles, ríos mares, como si cada que intentases hablar todo ese universo caótico que hay en tu mente se congregase para salir corriendo como hace la gente en el metro. O lo que es peor, qué tal que ya no eres tú, tu voz es otra, tus palabras cambiaron, en realidad ya no te sientes la misma, eso te llevaría a otra vez reinventarte, a ser algo, alguien, una ciudadana más que la sociedad, la sociología, la antropología juntas puedan encontrarle un sitio adecuado en el cual desarrollarse. Pura mierda, piensas. Lo mismo que la religión, el Estado, todo se resume a lo mismo. Una lana para sostenerte al menos y un trabajo “seguro” que a tus años es muy peligroso no tenerlo.
Vivir bien y vivir el presente al máximo, esa era la premisa con la que te conducías, hacía rato que la habías hecho a un lado, ni tú misma te reconocías los últimos periodos. Urgía un rescate de sí misma, pues de él la única manera era matándolo. Y a ti te faltaba valor y odio para hacerlo. Equivocarse se vale, pero ¿cuánto podemos quedarnos sosteniendo algo así? Esta doctora sabe de lo que habla. Al menos me entiende mejor que el otro.
Y ni a quién encomendarse o culpar por tu situación, tu cerebro, siempre que lo consultas, dice que la única que puede cambiar la situación es ella y ella sólo veía dos salidas. El terror nos ciega mucho, piensa, tratando de no culparse tanto. A veces se pasaba de necia, con tal de seguir la fantasía, no había golpe, insulto, brazo, muñeca, jeringa, pastilla que lograse convencerla de lo contrario, ella sólo podía controlarse a sí misma, controlar sus actos, su pensamiento. Sola, en la soledad autoimpuesta, porque le daba vergüenza lo que estaba sucediendo.
Lo que menos quería en esos días era llamar la atención de nadie, la vergüenza era infinita, esa vergüenza que le impedía siquiera imaginarse pidiendo ayuda para una cosa como ésta. Hacía meses que andabas transparente, etérea, procurando no llamar la atención en lo más mínimo, sentías que traías un letrero en el pecho. Y te daba miedo que una vez que empezases a hablar las palabras no pudiesen ya dejar de salir.
Y ahí estás viviendo ambos mundos, sin controlar ninguno, intentando ser “honesta”, y “congruente”. Como si la vida te lo permitiera, no hay manera. Te cambia la jugada a cada paso y hay que reaccionar y seguir la ola porque si no, tragarás agua con sal hasta vomitar. Así que flojita y cooperando, eso sí, unas clases de natación no estarían mal. Hay tanto por aprender, tanto que entender, y tienes ya cuarenta años y no logras entender nada, y pronto será demasiado tarde para haber entendido algo, y por eso fue que te hartaste.
Tu hermana hoy por fin lo mencionó, dijo que ya está en la cárcel, le van a poner una restricción de espacio o algo así, el caso es que se lo lleva la fregada igual, cometió el error de dejar marcas en mi cuello y moretones en los brazos. Es que me defendí con todo, esta vez se le pasó la mano. La policía asumió por los moretones que trató de matarme y simular el suicidio. Me parece bien, yo no pienso decir nada por un rato, de que trató de matarme, lo hizo, yo calladita me veo más bonita, no vaya a ser que se me salga un torrente de palabras necias.
Ya entendí que era el miedo a decirle a él las cosas. Inconscientemente pensaba que podía matarlo con mis palabras. O lograr ahpora sí suicidarme. No hay necesidad. Todo está bien, puedo seguir adelante, tengo suficiente fuerza. La doctora me invitó a un grupo de autoayuda. Lo voy a intentar.

Mi ánimo mejora día a día. Ayer hablé largo y tendido con la doctora. Pronto saldré de nuevo a mi casa. Me apoyó por completo en todas mis decisiones. Se lo agradezco. Y contrario a lo que pensé no hubo torrentes de palabras, no hubo ríos de dolor ni de sufrimiento. Me encuentro tranquila y lista para lo que sigue.

Iba a describirlo minuciosamente todo, pero para qué. Un mal viaje, una temporada de dejarte convencer de que no vales la pena. Punto final; a lo nuevo, a vivir a tope como siempre quisiste hacerlo y lo has hecho. 

En cuanto a él, es verdad que la vida nos pone siempre a cada uno en el lugar que nos corresponde.


miércoles, 3 de septiembre de 2014

Mejor imposible


Va a hacer falta un buen otoño, tras un verano tan largo     Silvio Rodríguez

Todo se me evapora. Mi vida entera, mis recuerdos, mi imaginación y lo que contiene, mi personalidad, todo se me evapora. Continuamente siento que he sido otro, que he sentido otro, que he pensado otro. Aquello a lo que asisto es un espectáculo con otro escenario. Y aquello a lo que asisto soy yo.       
Fernando Pessoa 


Va mutante de fin de temporada, regreso a clases, adiós al verano, bienvenida al otoño. Es que así es la cosa, muchos lo verán como darse por  vencida, yo lo veo distinto, aprovechar lo que la experiencia te ha enseñado.
Llegó septiembre y no necesito escuchar el informe para saber que será septiembre negro, como ya se va haciendo costumbre año con año en éste, nuestro México. No habría forma en que La Flaca de la esquina fuese la excepción. Retomemos pues la chamba, ya estuvo de andar de viaje.
Y no me refiero a Cuetzalan, donde estuve recientemente, que sin duda eso de andar cerca del cielo tiene sus bemoles, hay que ponerse ancla si no cree una que anda volando. Me la he pasado viajando, contándome historias de prosperidad y esperanza, condición de enamorada, sin embargo, por fortuna siempre hay algo recordándome mi realidad, las hijas quienes son y han sido quizá mi único principio de realidad.
Ayer estuve con un viejo amigo, tiene tres hijos, dos en la universidad y una en la prepa, por supuesto que salieron los hijos en la plática. Esos que alguna vez fueron unos locos pequeños en nuestra casa  imponiendo su vocación por el caos, a quienes estamos obligados como padres a educar, por lo menos. Y hoy son jueces duros que te reclaman de una u otra forma no haber sido lo que ellos querían. Cuando tú sientes que has respetado lo que ellos quieren ser, que por supuesto sólo aprobamos si es lo que nosotros queremos que sean.
Concordarán quienes son padres o hijos, es decir todos, en la importancia de la relación filial, lo determinante que puede ser en nuestra vida. En mi caso he tratado siempre que el aprendizaje vaya de ida y de regreso. He procurado poner atención a las lecciones que ellas me enseñan.
Es así como me mantengo al día de grupos, películas, videojuegos, etcétera. Mis hijas son bastante eclécticas, igualito que la madre. No por eso, a veces tengo que reconocer que yo tengo ya ideas muy fijas. Y es que cuando una se pasa la vida entera tratando de encontrarse, aprende que hay lecciones que no hay que olvidar nunca, nadie es culpable, cuando mucho responsable.
He disfrutado mucho la estancia en esta casa en la cual vivo actualmente con mi hija. No ha sido fácil para ninguna, dos mujeres que al cabo de los años separadas y las experiencias vividas son dos extrañas. No está fácil dejar de ser la madre y convertirte en la roomie. No por uno, variación del no por eso. Se hace lo que se puede. Lo importante es que tu familia nunca te abandona.* ¡Órale con los referentes culturales!

Yo me aferré durante muchos años a la estructura y forma que me daba ser madre. Como debe ser hace rato que ellas, cada una a su modo, pertenecen a distintas estructuras. Me reconozco al respecto que hice lo que creí conveniente en su momento y no me arrepiento de ello. Todo lo contrario, es la mayor vanidad que poseo.
Cuando mi hija mayor nació tenía yo 21 años, y creía que había vivido todo lo que se necesitaba, tal cual, pensaba que me las sabía de todas todas porque mi infancia y adolescencia habían estado plagadas de experiencias y de retos difíciles de vencer y todos, según yo, los había enfrentado como una guerrera.
Y en cierta forma lo era, a los 21 años pobreza, abusos, racismo, no habían podido conmigo, ¿qué más me quedaba? Mi plan era vivir hasta los 40 cuando según yo sería vieja. Cuando llegase el momento cogería la jeringa y me inyectaría aire en las venas, método suicida que vi en la película Regreso sin gloria con Jane Fonda y Jhon Voight, que vi cuando era adolescente aunque ya tenía un año de casada e insisto, me sentía Juan Camaney.
Y nótese que lo digo en masculino, reconciliarme con mi mujer fue hasta que nació Iris, sólo entonces valoré todo lo que antes había despreciado en muchas mujeres. La maternidad me enseñó el amor más difícil de la vida de una mujer, y miren que yo he tenido relaciones dolorosas.
No volvería a tener un hijo ni aunque me pagaran, nada más por no volver a pasar la angustia de una enfer-medad más de la cual ser responsable en mi vida. Aunque esto lo aprendí más como hija que como madre si soy sincera. Pero siempre que recuerdo la gloria de ver a Iris sonreír apenas abría los ojos, conservo el sentimiento de vergüenza, impotencia, culpa cuando me dijeron que se quedaba en el hospital porque probablemente tenía una infección peligrosa y había que internarla para estudios. O cuando me anunciaron que la pequeña había nacido con problemas de salud
Resulta que mi nena querida tenía tempora-das de anorexia y me hacía huelgas de hambre que me tenían pendiente de ella cuando era una bebita. No así la pequeña, quien comíó excelentemente los pri-meros tres años, hasta que me separé de su padre y dejó de comer. No por eso ella también me hizo inmensamente feliz a mis treinta cuando según yo, ahora sí, la vida me la pelaba. Ya lo sabía todo.

Suelo ser muy cuidadosa siempre que escribo y respetar la intimidad de la gente que me rodea así que tal vez hago mal en ventilar estas cosas por este medio, no sé si debiera.
Pero verán, mis hijas ya han crecido, una cumplió 24 y la otra 33, es difícil ver a tus cachorras convertidas en leonas. No por eso, estoy más que orgullosa, nunca me decepcionan, ni cuando no son lo que yo quiero, es más, por eso las admiro a ambas. Cuando mucho me irrita que tengan a veces que recorrer el mismito camino que recorrió su servilleta y que se había prometido a sí misma no recorrerían ellas.

Nadie puede o debe ser lo que los demás quieren, es una premisa con la cual me he movido a lo largo de mi vida. Mis hijas dan fe de mi logro, son tan distintas y tan iguales. Mi sueño dorado es que fueran tan amigas que se defendieran a toda costa, que fuesen cómplices, solidarias una con la otra. Sueño cumplido.

Mamá deseaba tanto eso de sus hijos: que nos llevásemos bien unos con otros, su inquebrantable premisa de “la familia es la familia” me enseñó a perdonar y respetar cualquier forma de vida que hubiese en mi ella y que aunque yo no compartiera, estaban en su pleno derecho a hacer su vida como quisieran, escogieran o pudieran, según el caso.
Es así como recuerdo que cuando mi hermana mayor estaba enferma o en aprietos, toda la farmacia se desplazaba a verla, la apoyaban, aunque no compartieran para nada sus ideas existencialistas. Lo mismo pasaba cuando cualquiera de nosotros estaba en aprietos. Era tu hermano o hermana, había que apoyar, disculpar, perdonar, ignorar lo que había hecho o las razones que para hacerlo tenía.
Yo no concordaba mucho con eso en la adolescencia, me parecía haber sido engañada, traicionada, pero en realidad no era así. De alguna manera una familia como la mía siempre lleva estigmas y pues nosotros, por estigmas no parábamos.
Pero aprendí a caminar con la cabeza alta y la sonrisa en la boca, pese a todo, mis valores, desde niña, gracias al adoctrinamiento de los Testigos de Jehová, yugo del cual me costó un buen deshacerme, yo era una buena cristiana desde niña. No actuaba nunca queriendo molestar a nadie, excepto a mi hermana, quien era especialmente sensible y me gustaba aliarme con mi hermano para molestarla.
A veces me sentía culpable por mis actitudes con ella. a quien extrañé muchísimo cuando se fue al extranjero por tres años. Realmente me hacía mucha falta, aunque fuese para pelear, para taparnos una a la otra, o balconearnos, según el ánimo o el día en el mes, pues aunque tenía tres años menos que ella la adolescencia nos había alcanzado casi al mismo tiempo.
Logramos una gran relación. Mamá estaba a la vez orgullosa y celosa de ella. Dos de sus hijas se apoyaban y toleraban, hasta decían que se querían. De hecho eran bastante molestas para la gente en general, pues solían abrazarse y besarse enfrente de todos, lo mismo que a su hermano, por cualquier motivo. La gente que en ese entones, ni ahora es bien intencionada decía que parecíamos lesbianas o novios en el caso de mi hermano.
Mi actual amante es así, un hombre cariñoso, amable, que no tiene empacho en tratar a sus hijos con amor, eso me encanta de él, es el primer hombre en mi vida que es así que conozco y es lo que más me gusta de él, entre otras muchas cosas. Había escuchado a hombres tratar así a sus niñas, pero jamás a sus hijos varones.
Y volviendo a mi hermana, hubo épocas que fuimos uña y mugre, cómplices, amigas, tapaderas, confidentes, consejeras. Y como todos en la familia heredamos de mamá la manía de psicoanalizar a todo mundo y hacerle el paro a la gente con sus defectos, aprendimos a aceptarnos con nuestras locuras y defectos, ambas éramos distintísimas. No por eso, hasta la fecha mi hermana es todo lo que antes dije y más, es una fortuna mi vida. Vean nomás. Un par de leonas, porque hace rato que dejaron de ser cachorritas, y una hermana-amiga-cómplice-terapeuta, aunque he de decir que si bien es la más amada no es la única. Tengo una red de amigas y amigos que siempre están ahí para cuando me da por dar saltos al vacío, que es la única constante que ha habido en mi vida.

¿Dónde voy a aterrizar? NPI*, pero por algo me dio mi madre el nombre que tengo, puedo ser brisa, ave de rapiña, leona según la astrología oriental, jaguar según la maya.

En fin que toda esta verborrea era para decirles que mi otoño es prometedor. Tengo a la mayor parte de la gente que amo cerca. Mantengo sana distancia con todos, excepto con una hermana a la que reencontré hace poco y con la cual tengo una gran deuda, pues no sólo me prestó su nombre sino me cuidó de recién nacida y me enseñó muchísimas cosas que ella ignora que me enseñó pero que yo le agradezco mucho y quisiera poder regresarle el cariño que me dio cuando niña. No quiero que se vaya de este mundo sin saber cuánto la quiero y cuánto la respeto y la entiendo.
Mis hijas son muy unidas. Muy diferentes entre sí y muy parecidas. Son unas blancas palomitas por las buenas, y unas hijas de su cuando se encabronan. Se parecen a la Madre. Y yo me siento muy orgullosa y doy gracias a la vida por ello. Y estoy emocionalmente bien, lo económico no es novedad.  Mamá estaría orgullosa. Mejor imposible.

Tomo nota de Cuetzalan, a donde me fui sola y mi alma, y del Congreso, al cual me acompañaron y apoyaron mis hijas, el regreso de mi hija, todo eso me trae planeando bajo, necesito parar un rato para tomar vuelo, Estoy ahí, practicando vuelos cortos, para ver si logro recuperarme y poder volar nuevamente alto, preferentemente junto al mar, como suelo hacer la mayor parte de mi vida de Aura.

Entre tanto, disfruto de los paisajes desde mi azotea, jamás me sentí tan agradecida de amanecer y ver el sol salir cada día, o ver los atardeceres que la posición y altura de la casa me brindan. La ciudad de México se ve por todos lados, oriente, poniente, norte y sur. He estado sufriendo insomnio y cada amanecer es un espectáculo, compensa la espera del sueño. Así que no me quejo. Doy gracias a la vida por todo el amor que me rodea, Mi familia la de sangre y la escogida, mi amante, mis amigas y amigos. Gracias.

Lilo & Stitch, película animada del año 2002 producida por Walt Disney Feature Animation y realizada por Walt Disney Pictures y Buena Vista Distribution, 21 de junio del 2002. Escrita y dirigida por Chris Sander y Dean DeBlois, fue la segunda de tres películas animadas de Disney producidas principalmente por its animation studio en Disney's Hollywood Studios (antiguo Disney-MGM Studios) en Orlando, Florida. 
Las canciones que están en el soundrtrack es además de su sencillo mensaje de unión familiar y tolerancia entre otras cosas, es´pectacular, Luigi Creatore, Hugo Peretti y George David Weiss, interpretada por A Teens"Can't Help Falling in Love", escrita por Luigi Creatore y Producida por Mark Hammond (Para América Anglosajones) Escrita por Luigi Creatore, Hugo Peretti y George David Weiss y traducida a la versión en español por Fernando López Rossi, Valeria Gastaldi, e Ivonne Guzmán. Interpretada por Bandana. Producida por Afo Verde (Para Latinoamérica). Tiene un soundtrack impresionante y habla de la frase mencionada. Y muchas más, es un verdadero concierto.

Reseña Cherry*

Con un bien logrado guión la escritora nos muestra a tres generaciones muy cercanas entre sí, e igual de desorientadas en el difícil proceso de madurar hacia la vida adulta.

Recientemente he visto películas más a menudo porque mi hija me recomendó un canal en la televisión por paga que entre otras cosas positivas, quita los comerciales  a partir de las diez de la noche, gracias a lo cual he podido ver varias películas muy interesantes.
El caso es que entre otras muy interesantes, ayer me tocó ver una comedia bastante entretenida y didáctica, por así decirlo. En mi opinión, si bien un poco fantasiosa y cursi con mensajes positivos interesantes, cosa rara en estos días.
La película en cuestión, se llama Cherry,  Jeffrey Fine, directora y guionista  e interpretada por algunos jovencitos que he visto mucho haciendo sus pininos en el cine independiente de USA y Europa en general, en especial Gran Bretaña que es al parecer sigue dictando la moda del mundo entero en cuanto a televisión y cine se refiere. Kyle Gallner, 14 años en la industria cinematográfica, quien nos sorprende con un personaje que a su joven edad tiene un largo historial de apariciones en películas y series de televisión, Laura Allen, Brittany Robertson, Esai Morales,  Pierson, Matt Walsh, Zosia Mamet, por mencionar algunos.
Es una película para padres de familia que disfrutarían mucho de verla con sus hijos adolescentes, nada de solterones intelectuales amargados de esos que critican todo, si sólo ve cine de arte, absténgase.
Chery es una película realizada en 2010, Aarón es un pre-adulto o adolescente en esa etapa de la vida difícil para muchos, la entrada a la edad adulta. Proviene de lo que al parecer suele ser, aquí y en China, la típica familia patriarcal donde la mujer es la que “manda” y el padre es un pusilánime que le tiene tanto miedo que es incapaz de apoyar a su hijo por no molestar a la madre. En la familia de Aarón hay una larga lista de destacados ingenieros y Aarón es un artista.

Con una bien lograda metáfora, la guionista nos muestra a tres generaciones muy cercanas entre sí, e igual de desorientadas, en un momento crucial para la vida de cada uno de los protagonistas. La madre, de 28 años, exadicta y madre soltera desde los 14, la hija de14 años y ha tenido que sufrir y atender a su madre-hermana-hija,  y Aaron de 21 años, quien está empezando su carrera.
Aaron se revela contra el yugo maternal y la guionista va complicando las cosas hasta un drama que quizá pudo haber sido tratado con un poco más de humor y menos broncas. La película cae un poco en lo cursi. Lo cual no implica que sea mala, más bien es su gracia. Tenemos inundado el cine con apologías sobre narcos, rateros, asesinos, sexualidad, drogas, violencia; y luego nos extrañamos de la sociedad que nos agobia día a día.
Entre otras vicisitudes el joven tiene que lidiar con un proyecto que debe presentar, un reto que el profesor le pone a todo el grupo, crear un prototipo de algo que permitiese a un hombre caminar en el agua. Cherry es pues, para quien no es demasiado exquisito en sus gustos cinematográficos y disfruta de un final feliz, aunque se haya recurrido un poco a la fantasía para lograrlo, una película apta para ver  en familia un domingo por la tarde. Y que se arme la discusión, si es que la autora logra su cometido, que a mi parecer es didáctico.
Si hay que pasar una tarde familiar viendo televisión, como lo hacen muchas familias alrededor del mundo, quizá valga la pena conseguir el video o buscarla en Internet y pasar esa tarde viéndola.




*No se trata de  About Cherry que está causando furor en la industria del porno light; de esa posteriormente haré una reseña en forma, la topé en internet buscando información sobre la otra, la que hoy reseño.