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viernes, 23 de agosto de 2013

Mutante magisterial


Aquí están de nuevo, son ellos, tal vez sus hijos o sus nietos, o ellos reencarnados en los mismos de siempre, los que nos enseñaron que la educación es mucho más que lápices y libros. Ya desde 1958 (en realidad el movimiento empezó en el 56 y finalizó en los 60), un poquito antes de que yo naciera, ellos andaban de mitoteros. Vaya que los he admirado siempre.
Y es que a su servilleta le tocó vivir los cuatro años más cruciales de su vida en la provincia y ahí conocí a mis adoradas maestras rurales, Lupita y Lidya. Ambas viajaban dos horas diarias de su casa a la escuela para darnos clases. Eran jóvenes, alegres y hermosas, y me llenaron de amor y conocimientos de primer a tercer año de primaria.
Ya en el DF conocí a otro tipo de maestro, de esos que mejor ni hablar. Para mi fortuna en la secundaria tuve magníficos maestros. De algunos no recuerdo ni el nombre pero sí cuál fue el valor que me inculcaron, más que la materia.
Como la menor de las hijas de una familia de seis, de niña y de joven me fue más fácil relacionarme con gente mucho mayor que yo, disfrutaba mucho de escuchar historias y procuraba sacárselas a todo aquel que conocía, mis maestras nunca fueron la excepción, así es que cuando en los 90 el magisterio salió a la calle por supuesto que me uní a sus marchas, iba a visitarlos a los plantones con el papá de mi hija, les llevábamos algo de comer, agua, dinero, pero más que nada nos gustaba quedarnos a escucharlos, a platicar con ellos, a aprender de su lucha.
Recuerdo de ese movimiento sus consignas, en especial las de los contingentes de educadoras, eran creativas, ocurrentes, novedosas. Hicimos un periodiquito que se llamaba Escuela por escuela". Fue un gran momento en mi vida.
Una vez más están aquí, los medios se han dedicado a lincharlos, la gente está irritada porque "les entorpecen el paso" o "no dejan hacer su chamba a los de la Cámara", que de buenas a primeras resultan los más trabajadores del planeta. Nadie se preocupa por ir y hablar con ellos, por saber qué quieren en realidad, sólo repiten las pendejadas que los medios vomitan día a día. Allá ellos...
Hoy vi a un joven amigo irse feliz al aeropuerto a acompañarlos, la verdad me dieron ganas de irme con él, no hay nada como el movimiento, es la adrenalina más bella que conozco. Dejar de ser tú para ser todos.
Me ha tocado vivir mil desgracias nacionales, y también me ha tocado protestar contra muchas de ellas, ahí he estado, años y años, enamorada del movimiento, nunca de las personas, siempre de las masas, es algo raro, es algo hermoso.
Es por eso que creo entendí la necesidad de mi compañero de ir y estar ahí y cargarse la pila.

En fin queridos maestros, nuevamente agradezco la lección. ¡Hacía tanto que no me sentía tan contenta!, ¡Una de cal por las que van de arena!  BIEN POR USTEDES. Aquí están y ahí vamos.
NI UN PASO ATRÁS. Muchos mexicanos que sí tenemos memoria los apoyamos.

domingo, 14 de julio de 2013

Círculo vicioso

Cuando niña, había un lugar al que mamá nos prohibía ir solos, el jagüey. Era un ojo de agua que estaba en las afueras del pueblo al que ella nos llevaba a menudo. Un remolino en el centro lo hacía peligroso. De cualquier manera no imagino que alguien quisiese tomar un baño en él, con el frío que hace en Tepeapulco.
Les platico lo anterior porque uno de los juegos cuando íbamos, además de recoger los cucuruchitos y semillas de los árboles que rodeaban el ojo de agua, mamá organizaba concursos de tirar piedras al agua. Ganaba aquél que lograba expander más los círculos.
Hoy sé que aquello era algo muy didáctico, sólo que no tenía edad para comprenderlo. Ni siquiera sé si mamá sabía su significado.
Mi vida siempre ha sido así, pasó de un círculo pequeño, mamá, mi hermana y mi hermano, se agrandaba a ratos, cuando mis hermanas casadas venían a vernos, y estaba aquél otro, el de los Testigos de Jehová, un círculo más amplio. Las cosas permanecieron así hasta que cumplí once años, entonces comencé a trabajar, en una maquiladora, nuevo círculo, el trabajo.
Al principio era fácil, los círculos no eran muy grandes y podías saltar de uno a otro sin problema. Pero la vida sigue y los círculos aumentan y cada vez se hacen más grandes y cada vez estás más lejos del de origen.
A veces esto de los círculos no resulta tan divertido, lógicamente te encuentras con gente que también ha ido saltando, algunos van contigo de hecho, otros no, se quedaron en el primer, tercer o cuarto círculos, pero como los círculos además van girando, igual te encuentras con ellos, te sirven para recordar de dónde vienes, supongo.
A mí a veces me provocan nostalgia. Solía ser tan distinta. Me miro en el espejo y no me reconozco, por eso pego el salto a cualquiera de los círculos de los que vengo, aunque nunca sea lo mismo, el cambio, una vez realizado no acepta marcha atrás.
Y como no logra uno nunca vislumbrar cuál es el nuevo círculo, tiene que dar el salto a ciegas, lo das y saz, estás en otro, supongo. La verdad es que cuando he tenido problema con eso es porque me da miedo o estoy muy cómoda en mi círculo. En general soy mucho más arriesgada siempre, doy el salto y listo, me dejo caer, a veces aterrizo suavemente, otras de narices, los daños han llegado a ser graves en ocasiones, pero siempre me repongo y sólo me doy cuenta de que fue un salto cuando volteo a mi derecha y veo los círculos anteriores.
El círculo en el que me encuentro es enorme, pasear alrededor de él parece una tarea titánica, a veces la tentación de regresar a aquel pequeño círculo donde sólo estaba mamá y tus hermanos es mucha, pero ese se amplió contigo, ellos están en círculos, mamá en uno más amplio y tus hermanos en el mismo tuyo. Tengo hermanos regados desde Alberta hasta Tenosique, Tabasco, dos hijas que viven lejísimos de su servilleta, una en el Caribe y otra en la Carmen Serdán, círculo que odio. Y no se diga amigos, andan regados por todo el mundo.
El internet, la globalización, todo apunta a hacer el círculo más y más amplio, tan grande como el mundo entero. Aunque a mi todavía me provoca miedo muchas de las cosas que leo sobre el extranjero, lo mismo de Europa que de Asia o África, no entiendo mucho. Ya bastante me ha costado adaptarme a las costumbres e idiosincrasia de mi pueblo, miren que son variados. Aunque si soy honesta, nunca me he adaptado del todo a ningún círculo.

Y como este escrito de sesuda reflexión devino en círculo vicioso, ahí le paro, era nada más un ejercicio para calentar motores y ponerme a trabajar en serio.

Foto tomada de Taringa.net

martes, 9 de julio de 2013

De letras e importancia de ellas

Cuando Pedro salió esa mañana, no sabía oh alma querida. Que la luz de esa clara mañana, era luz de su último día. Y las causas lo fueron cercando, cotidianas, invisibles.. Y el azar se le iba enredando, poderoso, invencible.
Causas y azares (Silvio Rodríguez)


Pues aquí está su servilleta de regreso, hace rato que ando ausente de estos lares, ojalá me hayan extrañado porque yo lo hice y mucho.
Resulta que los acontecimientos desde que regresé de Veracruz me rebasaron, lo cual no es raro en mí, habrán notado.
Lo cierto es que entré en un mutismo forzado. Y no es que no hayan sucedido mil cosas que merezcan ponerse a escribir un poco, pero la verdad todo esto me ha llevado ha cuestionar seriamente mi oficio otoñal.
Y es que de pronto, regresando de la fantasía del Tajín, aquí estaba yo, tratando de asimilar lo aprendido. Y pues nada, los caminos del cerebro son caprichosos, y es así como el Tajín me llevó a cuestionar toda mi forma de vida.
Mi nombre es Aura, la Real Academia de la Lengua Española lo define del siguiente modo:
(Del lat. aura, y este del gr. αὔρα, der. de ἄειν 'soplar'). 1. f. Viento suave y apacible. U. m. en leng. poét. 2. f. Hálito, aliento, soplo. 3. f. En parapsicología, halo que algunos dicen percibir alrededor de determinados cuerpos y del que dan diversas interpretaciones. 4. f. Favor, aplauso, aceptación general. ~ epiléptica, o ~ histérica. 1. f. Med. Sensación o fenómeno de orden cutáneo, psíquico, motor, etc., que anuncia o precede a una crisis de epilepsia o de alguna otra enfermedad. aura2. (De or. amer.). 1. f. Ave rapaz diurna americana, que se alimenta de carroña, de 70 cm de longitud y hasta 180 cm de envergadura, con cabeza, desprovista de plumas, de color rojizo, y plumaje negro con la parte ventral de las alas de color gris plateado.
Y es a esta última definición a la cual voy a referirme, aunque la verdad es la que menos me gusta y por desgracia la más conocida por el común de la gente.
Y es que ahí está el punto: Estoy harta de ser ave de mal agüero. Me gustaría ser paloma de la paz, o al menos algo más divertido, hasta una avestruz, pero avisar a la gente de desgracias, si bien ha sido lo que he hecho siempre, me tiene harta.
Una de las cuestiones que cualquier escribidor se plantea siempre es qué tan importante es lo que escribes. En la Sogem me enseñaron a no preocuparme de eso, en teoría, respetar las reglas ortográficas, literarias, éticas y otras cosillas te permite ser un buen transmisor de un mensaje. Tienen la tesis, que yo respaldo, de que todo está ya escrito. Es decir, da un poco lo mismo, escribas lo que escribas, ya está dicho.
Su servilleta ha trabajado desde siempre en áreas que le obligan a escribir largos discursos, de distinta naturaleza.
En este nuevo reto al que me enfrento la cuestión es totalmente distinta pues se trata de decir todo aquello que he dicho a lo largo de 30 años -y cuyo mensaje dudo mucho haber comunicado eficientemente- con un lenguaje nuevo, fresco, que todo mundo quiera leer y recuerde, que llegue a la necesidad exacta que tenemos todos de expresar lo que en mi generación era una profecía y en las actuales se volvió certeza:
Si no nos ponemos buzos, estos hijos de la chingada que detentan el poder y contra los cuales he luchado los últimos 30 años de mi vida, nos dejan sin país por completo.
Y ahí es donde está lo difícil de la cosa. Cuando el TLC, les advertimos a todos, cuando el Fobaproa igual, son incontables las veces que hemos salido a la calle a decirle a la gente lo que está pasando. No digo que no hayamos tenido triunfos, medio pírricos, pero triunfos al fin, pero sin duda no lo hemos logrado. La gente sigue creyéndole más a Televisa.
Mi generación ha vivido cosas asombrosas, la irrupción de las redes sociales es para mí una de las más útiles herramientas que nos ha dado la tecnología, pero como siempre, llego tarde y poco informada a estos chunches, trato de ponerme al día lo más que puedo, que a veces mis 54 años me rebasan, y no encuentro la veta de juventud que me mantenga al día.
Por ahí trataré de encaminar mi escribir en los días siguientes. Ustedes perdonarán, este es un espacio que normalmente uso para cosas personales, pero si no escribo aquí dudo poder escribir una letra sobre el problema que es de urgencia y que requiere de la inmediata atención de todos, por más que andemos ocupadísimos cada quien en nuestro rollo.
Ojalá me acompañen y me ayuden, voy a necesitar de toda la ayuda si logro convencerlos.
Este país corre un riesgo tremendo, muchos lo sabemos, a algunos les preocupa y pocos, muy pocos, estamos haciendo algo para tratar de impedirlo.
Sé que los partidos, que la política, que todo eso es una porquería, pero eso no quita que nuestro país esté en peligro, no quiero dejarles hacer lo que les dé la gana sin darles una batalla dura.
La cuestión es cómo. Ahora sí que como dijo aquél, "ahí está el problema".
Quiero encontrar la manera, quiero dejar de convencer a los convencidos, necesito que me escuchen los otros, los que no piensan como yo, los que creen ciegamente en este gobierno asesino que nos tiene de pie en la barranca y está convenciéndonos de un suicido colectivo: entregar nuestras riquezas a los extranjeros, en especial los gringos.
No sé si voy a lograrlo, lo intentaré y les pido apoyo, todo el que puedan darme, no sé cómo entrarle al asunto, sé pero del modo arcaico, gastado, confuso, que tanto odian los jóvenes, cuyo futuro es el que está especialmente comprometido.

¿Cómo ven? ¿Creen que lo logre? La neta, me está costando un huevo, cada frase, cada imagen, cada línea me suenan gastadas, confiaba en que mis compañeros, jóvenes todos, pudiesen ayudarme pero la neta, ellos también están requetecontaminados con las formas viejas.
Así que ahí les encargo, si se les ocurre algo novedoso, me hablan, porque a mi puras frases gastadas se me ocurren y es que la situación no es nueva, es de viejo cuño, ustedes dirán si puede una inventar el hilo negro. Aunque la verdad a mi me gustaría más inventar el de Ariadna.
¿O ustedes qué creen?

jueves, 14 de marzo de 2013

Los Idus de marzo

¿Les ha sucedido que tienen la necesidad urgente de hacer algo y todo empuja hacia ello aunque no quieran?
Verán, no es que mi vida no me guste, he aprendido a vivir sola,  a las conversaciones que reciben por respuesta sólo miradas o en todo caso un miau de mis mascotas,  a no necesitar una pareja ni en los días festivos, a prescindir de mil cosas, he aprendido a vivir con lo estrictamente indispensable y no sentirme chinche por ello.
Día a día agradezco que mi cuerpo y mi cerebro funcionan muy bien para su edad, que soy independiente, que tengo techo, y sin embargo....
Casi todas las personas tenemos rasgos que nos definen y siempre pensé que lo que a mi me define es el cambio, el movimiento. Tengo pavor a las cosas estáticas, tal vez porque siempre trabajé en la industria editorial, que es lo menos estático que conozco en cuanto a dinámica de trabajo, o porque heredé la capacidad de cambio de mi madre, el caso es que para mi la vida tiene que ser mucho más que levantarse, tomar café leer las noticias, irse a trabajar y al terminar vuelta al mismo círculo.
Me he estado cuestionando mucho las razones que tengo para el presente viaje, racionalmente sé que no puede ser un capricho como mis viajes de adolescencia, en especial porque realmente mi situación económica, si bien ha mejorado desde la nueva chamba que tengo, la cual es por cierto perfecta, yo quiero más, siempre quiero más, esa es mi desgracia.
Claro está que me procuro proyectos donde vierto mis sueños y ansias de gastar las neuronas siempre en algo distinto.
Y entre ellos ha estado en forma constante uno, que deseo implementar en Veracruz, en los Tuxtla, región en la cual nacieron mi madre y mis hermanas y de la cual he estado enamorada desde siempre.
Hay quienes afirman que no existen casualidades, sólo causalidades. Hace un año cuando viajé al Tajín me encontré con la cultura Totonaca por primera vez, pues las referencias que tenía de la región eran de mi madre, quien era una maravillosa mujer pero racista a morir la pobre.
Y hace unos cuatro años fui de viaje a esa zona con mi hija y me enamoré de ella
traté de convencer al padre de Ámbar para que comprase un terreno, el cual por cierto fue bueno que no lo comprara porque me enteré después que tiene muchas broncas. El caso es que siempre he estado con el gusanito de buscar al manera de irme a vivir a la zona.
Y no es que no se pueda así nada más, pues hay amigos que me han dicho que si te vas a la zona, a vender cerveza en semana santa, vives de decentemente todo el año. Pero es ahí donde se pone para mí difícil la cosa. A mi me gusta avanzar, si quiero cambiar es para mejorar siempre. Tal vez después de intentar las cosas y que no salgan apechugo, pero tengo que intentarlo.

Parto pues bajo el amparo de los Idus de Marzo, día en que nació Emma. Regreso al Tajín, todavía no a los Tuxtlas a donde espero poder ir pronto, pero es un paso hacia el cambio. Voy con proyectos, espero hablar con la gente indicada. Deseénme suerte.

Un abrazo y un beso grandes para ustedes amigos y familia que me apoyan y consienten en todas mis locuras. Los amo. Va por todos.



viernes, 11 de enero de 2013

Hecho en México


Esto de tener hijas que te conocen a la perfección el gusto es una maravilla. Esta semana me puse a bajar todas las canciones ochenteras que mi hija, la mayor me enseñó. Y el martes la menor me pasó un link para bajar el soundtrack de Hecho en México. Y es a este último al que me quiero referir, guardaré mis recuerdos ochenteros para ubicarme en mi actualidad.
Sin duda las visiones han cambiado. Este mundo ha cambiado muchísimo, este México, en el cual no pasa nada, resulta que está cambiadísimo, lo que pasa es que los humanos tendemos a creer que el mundo es las cuatro paredes que nos rodean.
Hecho en México me asombró en más de una manera, hace un mes que mi cabeza da vueltas a cómo escribirlo. Y es que para mí que crecí con los baletts de Amalia y Silvia como íconos de patriotería, resultó un tanto sorprendente constatar que si bien la globalización, ha hecho que los jóvenes busquen íconos universales, hay unos cuantos que voltean a ver sus raíces, y aceptan y aman su mestizaje.
Lo anterior a propósito de que mi hija y su novio la vieron dos veces y lloraron durante toda la película. A mí me pasaba en X’caret cuando veía el espectáculo de la noche. Y para mis hijas era muy emocionante también pero nada que ver con mi patriotería exacerbada.
Hecho en México es una visión moderna, honesta, amorosa, de nuestra República, una alternativa al paisaje hermoso y la vieja cuerísimo que utilizan tanto la secretaría de turismo como televisa y tv azteca.
No puedo decidir cuál de las canciones me gusta más. Tengo que ver el largometraje unas dos veces más para decidirlo. La que me gusta menos a mis vecinos les fascinó, hasta pidieron que le subiera y la repitiera. En efecto, es la de Alejandro Fernández.
La película es un viaje, es hermosa, es valiente, es alegre, es atrevida, no encuentro más calificativos. No se la pierdan, de verdad se las recomiendo, en especial a las madres y padres. Es una propuesta novedosa, poética y racional, sensual, escatológica y mística.
Agradezco que mi hija me mandara el link, pude recordar toda o casi toda la película. Recuperé las sensaciones y a la vez entendí por qué para mi hija es entrañable y para mi es novedosa la visión de México que ofrece.
Amo con locura a Rubén Albarrán, pero ese es problema mío. Todos los que cantan y tocan son estupendos. Los Tucanes me sorprendieron. Natalia, como siempre, dulce y hermosa. Un soundtrack perfecto para un documental perfecto.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Susana


Esa mañana, a Juan le extrañó no encontrar a Susana en su cama. Se levantó y buscó a su esposa por toda la casa. Bajó a buscar a Pedro pero éste tampoco estaba en su cuarto. Habrán ido a comprar algo, pensó y se metió a bañar. No notó el papel doblado bajo la lámpara que estaba sobre el buró de la recámara. Pero en la tarde que regresó a casa a la hora de comer y su esposa aún no regresaba empezó a pensar que algo andaba mal y recordó el papel doblado bajo la lámpara.
Había traído a Lalo, su mejor amigo invitado a comer de manera que trató de no mostrarse demasiado preocupado por la ausencia de su esposa quien por cierto ni comida había dejado hecha, quizá debió llamarla para avisarle que venía con David. Le sirvió a su amigo una copa y se fue al cuarto para ver qué decía la carta.
Cuando salió del cuarto estaba lívido y sus ojos centelleaban. Lalo que lo conocía bien, de inmediato le preguntó.
--¿Qué pasa? ¿Algo anda mal?
--Malditos. Me la pagarán. Si creen que pueden burlarse así de mí, están equivocados.
--¿Quiénes? ¿De qué hablas?
Juan sirvió un trago y se lo bebió de un solo sorbo. Se derrumbó después sobre uno de los asientos. Le dio la carta a Lalo y se soltó a llorar cual niño. Lalo leyó el contenido de la carta y le sirvió otro trago a su amigo.
--Vamos Juan, no es para ponerse así. Mujeres hay muchas y a ti no se te dificulta en lo más mínimo conseguirlas. No es para ponerse así.
--Tres años llevábamos juntos, estaba esperando a que cumpliera 18 para pedirle que nos casáramos. Habíamos sido felices, yo la amaba, la cuidaba, no entiendo nada.
--No hay mucho que entender Juan, recuerda que trajiste a Susana a la fuerza a vivir contigo.
--No fue a la fuerza, me la robé, es cierto, pero en los pueblos así se estila. Sus padres nunca hubiesen consentido en que la cortejara.
--Pero si la misma noche que la viste te la llevaste con amenazas a tu casa.
--Pero ella aprendió a amarme, estoy seguro, no había mejor ama de casa en todo Salina Cruz, mi madre estaba asombrada de la rapidez con que aprendía, y nunca me negó nada en la alcoba. Yo fui quien últimamente me ocupé demasiado y ya casi ni la buscaba, pero no era falta de amor, fue a causa de la campaña. Sin embargo ella seguía haciendo todo como siempre, no noté nada.
--Quizá no debiste golpearla, Susana era distinta, no le gustaba, eso podía verlo cualquiera.
--Pues me importa un pito, los buscaré y la mataré, primero a ella y luego a él, de mí nadie se burla y menos una escuincla, mira que cambiarme por un idiota como ese. Si yo mismo le puse a Pedro para que la cuidara, jamás imaginé que la muy puta...
--Vamos, tomémoslo con calma, recuerda que estás en campaña y un escándalo ahorita no conviene. Lo bueno es que somos pocos quienes sabemos que vivía contigo. Te pasaste amigo, creo que tenerla cuatro años encerrada fue demasiado, nadie aguanta no ver más que a tres personas. Ya sé que tú le dabas todo, que la amabas, pero entiende, cuatro años viendo sólo a tres personas. A mí me daba un poco de pena una mujer tan hermosa y encerrada.
--Mi error fue depositar mi confianza en Pedro, pero él también había dicho que era yo su hermano. Las viejas ya sé que son traidoras, pero los jotos, se supone que son muy leales, era en lo que yo confiaba. Ella hasta se puso al brinco cuando le dije que él la cuidaría, decía odiar a los maricas. Y ya ves, ni marica ni nada, yo mismo le traje el amante a casa.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Los Gigantes de las fosas

Al autor de Los Hombres de Piedra y a mi amigo don Juan.

Quedan pocos sobrevivientes, unos cuantos viejos de manos enormes y gruesas. Se les distingue por eso y se les trata con respeto. Son los Gigantes de las fosas. La ciudad fue cerrándole el paso al imperio sobre rocas levantado por estos guerreros. Quien los ve puede de inmediato reconocerlos. El primer impacto son sus manos, anchas y enormes, nervudas, fuertes. Prueba fehaciente de su ancestral origen. Sus ojos, fosas ardientes, hacen que uno se estremezca al verlos. Y si se escucha la sabiduría que emana de sus silencios, es posible, observando sus pupilas, ver la historia a través de un manantial fluyendo.


Conocí a don Juan hace 15 años, lo primero que llamó mi atención fueron sus manos, eran impresionantes. Aparentaba unos 50 años, salvo por el cabello en exceso cano; tenía 70, su espalda era enorme, ancha y musculosa, brazos de piedra y ojos que semejan dos hoyos negros; y si observa uno su iris, es posible observar en el fondo un torrente de agua diáfana y transparente.

Don Juan y yo entablamos una buena amistad, era esposo de mi casera. Soy descendiente de los primeros hombres que poblaron estas tierras –alar-deaba–, llegamos a romper piedra con las manos.

Yo le pedía me contara historias. Me hablaba de un México para mí desconocido. Don Juan es un jubilado ferrocarrilero que se dedica a criar puercos, tiene una memoria asombrosa. Pasé largas tardes escuchando sus historias. Era como ver una película, o leer un códice, por la manera en que las contaba. Escuchándolo conocí el río Nativitas, el río Churubusco y la Estación de trenes.

El lenguaje de don Juan tiene algo de cinema-tográfico, pero hubo un encuentro, en su casa… Don Juan estaba locuaz ese día, gracias a lo cual pude ver “a Tonatihú ardiendo, iluminando las negras piedras que formaban el paisaje de estas tierras en los tiempos precolombinos; y entre ellas, los fulgores que produce el correr de los ríos que bajan desde el Ajusco y el Cerro del Águila y celebran alegres nupcias debajo de la roca volcánica, misma que cubre el paisaje a medias y deja suficientes rendijas para que Tonatihú al entrar a ellas, se descomponga en mil arcoiris de color magenta que compiten en destellos con las auroras boreales cuando Tlaloc y Tonatihú coinciden en darle su bendición a la tierra. Los ríos, uno al oriente, otro al poniente, corren al fondo, braman a la luz de la Luna y se azotan contra las rocas en indiscreta cópula.”

Vi a los primeros Gigantes de las fosas, ancestros de este enorme hombre que me ofreció generoso su historia, contemplar el paisaje: "Un panorama desolador se ofrecía: piedra volcánica de un río a otro, rocas enormes que casi lo cubrían todo, los dos ríos hermanados en el fondo. Los Gigantes, les dieron cauce; con las manos y unas cuantas herramientas rompieron la roca, siempre dejando fosas para que los ríos respiraran, usaron piedras como cimientos para construir sus casas; le dieron forma a la roca y la moldearon a su antojo; después trajeron tierra y lograron sembrar en la piedra volcánica. Yerbas, maíz y otras delicias, arbustos, sauces, ahuehuetes, colorines, y hasta flores brotaron de la negra piedra.

Una vez transformado el paisaje agradecieron al señor Hutzilopchtli los favores recibidos con el sacrificio de una doncella para él y un guerrero para la madre Coatlicue en una fiesta de sangre y flores."

La voz de don Juan suele tener un timbre hermoso, varonil, aunque a veces empieza a gritar un poco más de la cuenta, o bien, cambia a tonos demasiado agudos, de acuerdo a lo que necesite la historia, a mí me parecía en ocasiones que cantaba, más que voz la suya era la voz de un zenzontle que imita lo mismo al huehuetl que a la ocarina. Estos cambios de modulación se deben a que hace años que don Juan está sordo. Tiene un aparato que no usa, lo trae puesto pero no lo enciende, no lo culpo, yo también lo haría. Pero es un gran conversador, le gusta dramatizar en sus pláticas: “Venerable y viejo señor Huitzilopchtli, se ha cumplido el plazo. Respetando tus palabras hasta aquí llegamos. Y gracias a tus favores, hemos logrado dar vida a las piedras”. Anótelo, me decía, para cuando lo escriba. Por supuesto yo no escribía, me dedicaba a escucharlo y me imaginaba estar viendo una película. En cada arranque histriónico de don Juan, mismos que su esposa odiaba por cierto, yo podía ver lo que él estuviese platicando, los caracoles, las chirimías, el huehuetl, escuchándolo asistí a la ceremonia de un fuego nuevo. Vi a los Gigantes de las fosas, quienes tenían el mismo color de las piedras a causa de su trabajo al sol todo el día. Altos, esbeltos, fuertes, bruñidos por el sol, resistir largo rato los embates de la civilización española, pero ésta al fin llegó.

Hubo que adaptar los ritos, y en vez de ir a agradecer y pedir a los cuatro elementos su protección, se empezó a celebrar en el mismo día, a la Virgen de la Candelaria. La ciudad se fue poblando y extendiendo y hará unos 50 años que entró de lleno en la tierra de los Gigantes de las fosas.

Quedan ya muy pocos de ellos, la mayoría tiene más de 90 años, uno los reconoce principalmente por sus manos que a cualquiera impresionan y sus ojos, que tienen la profundidad de dos hoyos negros como las hondas fosas de esta zona de la ciudad.

Don Juan es un hombre que prefiere transportarse en bicicleta a manejar su auto del año que le regaló su hijo. Siempre tiene tiempo para una buena plática, que es más bien un monólogo. Él habla y hace preguntas que pueda uno contestar con un movimiento. Pero cuando se inspira y el tema le gusta uno lo ve convertido de verdad en un Gigante de las fosas.



México, Coyoacán
“La flaca de la esquina”